miércoles, 28 de diciembre de 2011

Recapitulaciones

A falta de imagen que describiese esta entrada, una foto de este quien escribe lo primero que se le viene en mente. Agradezco la comprensión y la tolerancia.
Contagiado por los sentimentalismos de fin de año (tal vez de los medios), me es inevitable hacer un recuento de lo que ha sucedido este año. Al revisar los documentos y al organizar los cajones de mis buroes me dí cuenta de la metafora muy ad hoc para estas fechas de agonia para este ya viejo 2011. De cierta manera, muchas de las cosas que me sucedieron este año se parecen a mis cajones: algunas cosas desorganizadas, otras no tanto, objetos que significan recuerdos valiosos y otros que representan mis gustos y aficiones y otras más que me recuerdan quien soy en realidad, por dentro y no por el disfraz que a veces significa nuestra apariencia (no somos lo que traemos puesto).
Me encontré con viejas cartas que me han escrito amigos y seres queridos, los cuales estoy cierto seguirán conmigo el año venidero.
Me sorprendí  que el contenido de esos cajones representara mi vida, como si s etratara de una pintura abstracta. Algunas objetos representan, creo yo, cuestiones sin resolver, deudas con la vida misma, con seres a los que les he hecho daño, desgraciadamente.
Conforme iba descubriendo cosas y más cosas, algunas de las cuales ni siquiera recordaba ya, me fueron asombrando, casi hasta asustarme y en otros casos me provocaron una sonrisa y un sentimiento de arropamiento de mis seres queridos. Al pasar de los minutos, logré ordenar un poco, me deshice de algunas cosas que ya no me servían y que sólo acupaban espacio, y  finalmente limpié el polvo acumulado. Espero que lo mismo suceda en mi vida.
Por si fuera poco, "La conquista de la felicidad", de Bertrand Russell aporta su granito de arena y acorde a los días, me brinda su conocimiento para afrontar este cambio de fecha. Si bien sólo se trata de un simbolismo, pues el tiempo no entiende de calendarios hechos por el hombre, la idea de que una etapa termina y una nueva comienza, sugiere la oportunidad para hacer cambios, para renacer, pues es la ley de la naturaleza la que dicta que todo tiene un inicio y todo un fin. Todo se transforma, como dice el músico Jorge Drexler.
Después de esto, sólo me queda acompañar el caminar de estos últimos moribundos días de diciembre y del año, y si tengo suerte, encontrar metáforas (quizá burdas) que me recuerden el valor de la vida. Siempre es bueno darse tiempo para recapitular, y más en estos días que invitan a la reflexión. Sea pues que todos tengamos reflexiones para bien...¡Feliz año nuevo 2012!

viernes, 16 de diciembre de 2011

Disolución

Boiled Beans. Salvador Dalí.


I
Algo dentro de mí quería salir de la prisión de mi delicada humanidad.
Lentamente me ahogaba entre la inmensidad de la soledad
y lo vasto de la angustia.
II
Sentí lo estorboso de mi cuerpo y desee poder quitarme la carne
como si fuese un traje de una sola pieza.
De pronto los ojos se rebelaron y fuego se hicieron
hasta quedar en brasas tenues, casi apagadas como mi ser.
Mis huesos entonces odiaron mi carne y ésta se desprendía lento,
cada músculo, cada tendón, cada ligamento aún asido a mí.
Un justo reclamo de disolución de materia y mis adentros.
Desgarradas mis entrañas por mis propias uñas
la sangre  se resistía a colarse por los grises de la noche,
muros imbatibles como el tiempo.


III
Sentí por fin la liviandad de mi espíritu, sentí la fuerza
que se agolpaba en el pecho.
Corrí sobre un campo verde hasta sentir el cansancio
que te obliga a detenerte, miré entonces a mi alrededor...
me vi por primera vez.

martes, 18 de octubre de 2011

¡Ganador del primer concurso blogger para poetas primerizos!

Resultado:
Ganador Karla Fabiola Meza Sosa (Kafameso), con el poema "Cuando...Si".

Al resto de los participantes les agradecemos profundamente su participación, y les pedimos una disculpa por la tardanza en la elección del ganador. Esperemos seguir contando con su participación. ¡Muchas felicidades a la ganadora!

miércoles, 12 de octubre de 2011

Aviso importante

Estimados participantes del 1er concurso blogger para poetas primerizos:

Debido a causas de fuerza mayor, no se ha designado a un ganador; sin embargo en los siguientes días anunciaremos finalmente al  primer lugar. La competencia ha sido muy reñida. Gracias a todos por participar. Proximamente habrán nuevos concursos.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Nueva regla para elegir al ganador del 1er concurso blogger para poetas primerizos.

En reconocimiento a los participantes del concurso, se ha decido que los participantes que enviaron su texto al blog, podrán contribuir a la decisión para elegir al ganador, junto a los dos jurados restantes:
Mi gran amigo Ray Morteo, cantautor, con dos discos que avalan su talento y sensibilidad artística
Su servidor Carlos Cuellar, propietario del blog universo-contexto.blogspot.com.

Los participantes deberán enviar a la dirección de correo electrónico a la cual enviaron su texto, el nombre del poema que más les haya gustado ( con excepción del propio). De esta manera será tomado en cuenta el texto con mayor preferencia por los concursantes.
En caso de que exista un empate entre dos o más poemas, se elegirá como ganador al concursante con más menciones y el jurado tendrá la decisión final para elegir al ganador.

La fecha límite para enviar su voto es el día 10 de octubre.

jueves, 29 de septiembre de 2011

México 2011, por Vivo aún

Caminaban por las calles, amaban y vivían

Sangre se movía por sus venas y arterias

vivos como tú, como nosotros.


Amados, sufridos y esperados

la esperanza se desvaneció.




Hombres y mujeres, niñas y niños,

inocentes, ladrones incluso;

y hasta periodistas

la misma bala nos ultimó.




Es la carga del odio, la pólvora del odio

el hierro del odio, la granada del odio.

Es el olor hediondo del odio,

de la partidocracia podrida



No hay en estas palabras ni un lugar más

para la palabra violencia.



Atados de manos y de pies, más nunca la libertad

se ha visto entre sogas o cadenas,

es lo único que poseemos, lo único que tenemos,

y si es que estoy vivo para mañana

toma mi mano y lucha a mi lado.




No lloremos una lágrima más

pues a final de cuentas todos tenemos el mismo final,

valora y ríe, canta o haz el amor sincero y ama.




Hagamos nuestra propia lucha, más no una guerra,

Tomemos nuestras mejores armas:

amor y valor.



Mira a tu alrededor, toma tu tiempo

pues tal vez no te has dado cuenta

que sigues vivo y que luchar por el que está a tu lado es el primer código de amor.


miércoles, 28 de septiembre de 2011

La lección, por Luciérnaga errante.

Iba caminando de mañana, ya tarde para el trabajo,


apurado y distraído,


cuando de pronto me tropecé con un perro.






Estaba tirado, echado, casi muerto.


Se levantó y refunfuñó,


pues había interrumpido su profundo sueño.


Yo, pensando en el regaño que me esperaba por el retardo,


envidié completamente la situación del can,


el cual, después de nuestro encuentro,


cambió de sitio y se echó a roncar.






Deseé, entonces, intensamente,


cambiar de cuerpo y ser el perro,


preocupado, únicamente,


por encontrar el sitio donde mejor pega el Sol para dormitar.






Al día siguiente, desperté en un basurero,


tenía una trompa larga y algo me impedía ponerme de pie.


Era yo el perro que, con tantas ganas, el día anterior envidié.






Moví la cola, la perseguí ¡que placer sentí!


Di unos brincos, mordí unas pulgas y con la lengua toque mi nariz.


¡Cuánta libertad! ¡Qué alegría!


Sin jefe, ni suegra, ni vecinos que aguantar


¡Qué felicidad!.


Solos yo y mi cola, y el mundo entero a mis pies para recorrer a cuatro patas, así que comencé a andar.






Más tarde, en aquel día, noté algo que sonaba en mis entrañas,


La perra hambre de mi huésped anterior, no había sido del todo saciada.


Así que emprendí la búsqueda del gran filete que llenaría aquel hueco,


utilizando mi nuevo olfato y mi tierna cara de perro.






Caminé a la carnicería, visité algunos hogares y en todos fue lo mismo:


“¡Perro cochino! ¡Perro apestoso!”


Se me proporcionaron unos golpes por ser un ejemplar tan oloroso.






Entendí, entonces, la lección de aquel divino suceso,


“No te atrevas a desear la suerte del otro, pues para todos es parejo, la vida es perra y la calle más. Nadie se salva, y por el hueso todos tenemos ladrar.”


SIN ALMA, por Nefertiti

En el mar de la soledad, en el delirio de unas lágrimas,


solo quedan momentos alucinantes, solo quedan gotas de recuerdos.


Solo quedan los pecados y las casualidades que han llenado esos vacíos,


que han complementado mi mar.






Es importante que conozcas y que veas la luz de nostalgia que rodea mi esencia.


Y más importante que la ausencia no rodee tú camino.


Pero devuélveme mi alma y mis ojos para que pueda ver y sentir tu falsedad


para que pueda reírme y gozar cuando te ahogas en tu angustia.






Me da pena aquel que no desea ser, aquel que no se llena de placer


Y sobre todo aquel que se tiene lástima.


Destino cruel que invoca a los ángeles y demonios, al bien y al mal


al cielo y al infierno. Pero somos seres andantes


que desconocen el sentir y el pensar,


que no sucumben a la inmortalidad.






Solo regrésame mi alma y mis lamentos, mis historias y mi embriaguez


para que pueda disfrutar tu silencio.


Hoy soy 1, Ayer fuimos 6, por Kafameso

Contigo demasiadas cosas vividas


con él muchos años compartidos


él confió en mí como en su vida


otro más entró y me inspiró


y el último es parte de mi vida


Contigo amistad por fuera


con él juegos de niños


él encontró en mí a una hermana


otro más compañero de sueños


y el último parecido a mí es


Contigo ilusión de meses


con él amor primero


él contó conmigo por meses


otro más amigo sincero


y el último amor verdadero


Contigo cariño eterno


con él recuerdo por siempre


él amigo y consejero mío


otro más ingenioso como nadie


y el último ilusionándome se luce


Contigo tiempo perdido


con él lazos irrompibles


él olvidó mi cariño


otro más triste me ha dejado


y el último mejor ni digo

Que haya ruido, por Luciérnaga errante

Ruido,


haz mucho ruido,


tira las cosas,


sube el volumen,


piensa en voz alta,


enciende algo,


ahoga esa voz que aúlla dentro,


sofoca el grito que habla de él.






De una promesa,


ya para siempre,


y de un regalo: mi corazón.


De un palpitar de carne y hueso,


que con puñal fuiste a clavar


¡Por favor, hazme olvidar!






¡Pronto! ¡Vamos afuera!


veamos gente,


toquemos cosas,


miremos los autos al pasar.


Que aquí en la calle


nadie descansa


no hay silencio y aquel que para


para pensar,


corre peligro de quedarse atrás.






Como algo viejo,


algo anticuado,


algo como yo,


que debe desaparecer, estallar o ser enterrado,


algo que vive ya cansado


de, con su imagen, luchar.






ó






¡Mejor, ya sé, que llueva fuerte! ¡Estrepitoso!


que truene el golpe de las gotas en el techo de metal,


Y que me vuelva


ese sonido,


escandaloso y sin sentido,


y nunca más le vuelva a mirar.


martes, 27 de septiembre de 2011

CUANDO...SI, por Kafameso


Te olvidaré cuando


el agua pueda tatuarse


existan los sellos de humo


y las estrellas se opaquen


Cuando el sol sea gélido


y el hielo esté de colores


entonces yo te dejaré


Por eso te suplico que:


No pierdas el tiempo actuando


porque el alma puede cansarse


y tal vez ya no te presumo


cuando las luces no se apaguen


Te desconoceré


si el fuego no nos quemase


si incendios fríos hubiese


o si los perros me hablasen


Cuando la luna se pierda


y no existan los temores


entonces yo te soltaré


Por eso te repito que:


No pierdas el tiempo actuando


porque el alma puede cansarse


y tal vez ya no te presumo


cuando las luces no se apaguen

lunes, 26 de septiembre de 2011

Mi primer amor, por Maggie VI.

Cuando nací no sabía de quien me iba a enamorar, pero con el tiempo lo descubrí, cuando me diste el primer beso, cuando me estrechaste ente tus brazos, en ese momento no lo entendí, pero sabia que eras para mí.



Al pasar de los años te idealice y tu sin pensar te alejabas de aquí.


Te pido perdón por lo que te hice sentir y perdono lo que me hiciste sufrir porque ahora entiendo que fue tu manera d enseñarme a vivir.


Hoy sin temor a equivocarme te puedo decir que gracias a ti descubrí el amo, el amor mas limpio y puro que hay el de una hija a su papá.


Porque sin lugar a dudas tu eres el Primer Amor de mi Vida.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Eternamente y con mi mente, por Kafameso

Eternamente te adiviné


y con mi mente te imaginé


Así te presentí


mas nunca antes te sentí


y ni un calor así


en la vida pretendí


Eternamente te pensé


y con mi mente te construí


Fue duro el desistir


y antes no persistir


pero no habría existir


sin un previo insistir


restante a descubrir


Eternamente te sospeché


y con mi mente te descifré


Y aquí te veo al fin


estando junto a mí


y viéndote tú en mí


y viéndome así en ti


despido al frío de aquí


Eternamente te intuí


y con mi mente te alcancé


Y heme así por ti


que yo quiero decir:


Mantenme siempre así


Que al verte lo sentí:


yo así ya soy feliz


y ya a nadie amo, sólo a ti

Años, por Maggie VI.

Hoy después de años por fin te digo adiós, se que desde hace mucho nuestros caminos se separaron, pero siempre buscábamos la manera en como conectarlos aunque sea por un momento y de todo olvidarnos.


Hoy después de años encontré a alguien que me hace sentir lo que sentía contigo al principio, cuando todos se reían de mi rostro rojizo por vivir un sinfín de experiencias a tu lado.


Hoy después de años no se si este en lo correcto o el sea el mejor prospecto, pero ya no quiero seguir a tu lado esperando y anhelando tus abrazos.


Hoy después de años te digo gracias por los buenos momentos, por los pocos pero magníficos detalles con los que me hacías emocionarme y saber esperar tu llegada cuando se te diera la gana, gracias por todo lo vivido.


Hoy después de años te digo ADIOS gran amor mío.






Maggie VI.

A un recién nacido, por Luciérnaga errante.

Niño, temo por ti, que no sabes el mundo al que has venido. Que has llegado, tan pequeño e indefenso, apenas a sobrevivir tus primeros días, a un lugar que está, de por más, podrido.


No te quiero desanimar, querido niño, pero no llegaste en buen tiempo, pues hoy es tiempo de desolación. Tiempo de injusticias.


A la par que luchas por tu siguiente respiro, un joven cae muerto con una bala en el pecho, o en el hombro, o en la cabeza. Un joven que un día fue como tú. Que tuvo un cuerpecito, y unos ojos ajenos a la semilla repleta de ira que alguien sembró un día, en un país donde, un dios malhumorado, lo mandó a nacer.


Y ya te ven tus padres con tu mochilota, más grande que tu pequeño tamaño aún, despidiéndote a la entrada de la escuela, cargando en ella diez mil estrellas para colgar muy alto, la cabeza repleta de ensoñaciones y la cantimplora hasta el tope de las más tiernas ilusiones.


Te imaginan como médico o escritor famoso, piensan en tu porvenir con la misma inocencia con la que les arrojas la sonrisa que los deslumbra y los hace olvidar las horas de insomnio que les has causado.


¿Qué mundo vas a heredar? Sin tierra, sin alimento, sin espacio, sin trabajo y sin agua. ¿Vivirás temeroso de salir de tu casa o te enlistarás con los que portan las armas? ¿Reconocerás el valor de la amabilidad, el honor, el respeto y la honestidad, o serán, para entonces, “costumbres de ancianos”, sepultadas en el ataúd del desuso?


Sin embargo, es nuestra naturaleza mantener la esperanza. Y, de corazón, espero que tu paso por la vida no sea accidentado. Que cómo los jóvenes de hoy, encuentres razones para echarte a reír a pesar de la incertidumbre y la adversidad del mañana. Que mantengas, siempre alejados, a la indiferencia y a la ignorancia. Que aprendas a calzar los zapatos del vecino. Que seas, tanto capaz de conmoverte y de ser generoso, como valiente y aguerrido. Que tu huella, sobre esta Tierra, no se marque en vano. ¡Piensa!, ya llevas ventaja, pues ¡qué afortunado!, hoy te sobran besos y juguetes en tu cuna. Escasos niños cuentan con tanta suerte, como escasos son los verdaderos hombres de bien.

martes, 6 de septiembre de 2011

1er. Concurso blogger para poetas primerizos



En agradecimiento a sus lectores, y en aras de fomentar la cultura, en especial las letras convoca al 1er. Concurso blogger para poetas primerizos.


Bases:
1. Podrán participar todas las personas interesadas, sin límite de edad, ni restricción alguna.
2. Se aceptan desde poemas cortos hasta compendios.
3. Cada autor podrá participar hasta con tres poemas diferentes.
4. El tema del poema es libre, así como el estílo.
5. El autor deberá mandar su(s) poemas a la dirección e-mail: carloscuellarr@gmail.com, con sus datos personales y pseudónimo para participar.
6. Los poemas serán publicados al día siguiente del envio y serán publicados bajo el pseudónimo del participante.
7. El participante podrá corregir su poema una vez publicado con fecha límite al 25 de septiembre de 2011.
5. El concurso queda abierto a partir de la publicación de la presente convocatoria y hasta el 30 de septiembre del presente año.
6. Un jurado compuesto por tres personalidades será conformado y dado a conocer oportunamente.
7. El veredicto del jurado será inapelable y se dará a conocer el viernes 7 de octubre de 2011, por este medio y vía e-mail al ganador.
8. Los participantes recibirán vía e-mail una constacia de participación.
9. Cualquier asunto no contenido en la presente convocatoria será resuelto por el comité organizador.


Premio:
Al ganador del primer lugar se le hará entrega de un libro de poesía.

jueves, 18 de agosto de 2011

La suerte del poeta. Parte VIII

Mis padres me abandonaron desde muy chico, de hecho no recuerdo con exactitud cuántos años tenía. En realidad fue un proceso lento, no es que me abandonaran realmente, sino que fue un abandono lento hacia mis sueños, hacia mis deseos e inquietudes. Sé que no es lo mismo que el abandono físico, pero a final de cuentas la ausencia termina por sentirse. Debo reconocer que crecí con la idea de que la presencia de mis padres más no la demostración de afecto, de que yo realmente les importara era una situación normal. Como hijo único lo único que podía hacer de niño era tratar de estar conmigo mismo, jugando todo el tiempo, imaginando, prestando atención a cada detalle de lo que ocurría a mí alrededor. El vacío que sentía, la falta de atención y cariño la compensaba escribiendo historias y dibujando a personajes imaginarios, algunas veces a unos padres imaginarios que me escuchaban y que me concedían mis deseos, como ir al parque a jugar con los dos, o que me llevaban a la feria y me compraban algodones de azúcar y unos soldaditos de plástico. Un día en la escuela la maestra nos dejó de tarea que teníamos que leer un libro y después comentarlo en clase para saber qué era lo que habíamos entendido. Le dije a mi padre que tenía que comprarme un libro y hasta recuerdo que le pedí un libro que hablara del espacio y de una historia de astronautas que conquistaban otros planetas. Teníamos dos semanas para leer un libro, claro que a los 10 años se esperaba que fuese un libro corto. Les insistí a mis padres sobre mi tarea cada día. Mi libro no llegaba, así que comenzaba a inquietarme, me conformaba pensando que mis padres me harían caso esta vez tratándose de una cuestión escolar. Un día antes de la fecha límite para la tarea, mi padre llegó a comer a la casa y le recordé lo del libro, aún sigo recordando su expresión de sorpresa y luego de hastío, -toma cualquier libro del librero Phillip, no importa que no sea de lo que me pediste, leer es leer, y esa es tu tarea- me dijo enérgicamente mi padre. Después de comer me paré frente al librero y escogí el libro más pequeño que encontré, un poemario de Fernando Pessoa. El resto es la historia de mi vida.







La lluvia de la tarde cubrió el jardín de la casa,


el general se ahogó con el resto del batallón,


entonces me sentí triste porque perdieron la guerra,


no por las balas enemigas, sino por el destino cruel


que inundó las esperanzas de mi país, mi tierra.






Fue mi primer poema después de leer y releer aquel librito amarillo. Me di cuenta de lo vulnerables que somos de niños, del cariño que necesitamos y de lo que significan nuestros padres con lo que a cada minuto nos dicen; aún sin palabras, lo que nos enseñan, aún sin dirigirse a nosotros. Ahora estaba frente a mí la hija de Estelle, inocente, sin culpas, honesta en su mirada y sus gestos. Ana me ofreció a la pequeña y yo no tuve más opción que rendirme a la ternura de aquella niña. Creo que comenzaba a darme cuenta de lo que se refería momentos antes la abuela de la pequeña Estelle. -Ruben le prohibió a mi hija que se embarazara, porque según él frenaría su carrera- dijo Ana con una voz llena de resentimiento y continuó: -Cuando Ruben supo que Estelle estaba embarazada intentó que abortara, la presionó todo el tiempo…se perdieron contratos y presentaciones desde luego. Estelle le ofreció a Ruben que si le permitía tener a su hija ella la daría en adopción y no la vería jamás- la abuela Ana hizo una pausa y comenzó a temblar, un poco por coraje otro poco por la pena, por la tristeza que se percibía en los ojos rojizos y llorosos de la mujer. Respeté su dolor y esperé a que continuara. -Desde luego que Estelle no haría eso, sabía que al momento de nacer la bebé yo podría hacerme cargo de ella; sin embargo, al siguiente día que nació la pequeña, Ruben desapareció con mi hija-. El llanto de Ana crujió las paredes viejas del departamento y envolvió mi corazón por un gran dolor ajeno. -Ruben me mandó una nota que decía que si yo no desaparecía de sus vidas junto con la niña, la mandaría a matar…¡¿puede creerlo Phillip?!, ¡su propio padre la mataría!-. La anciana ya no podía contener su llanto, ni contenerse a sí misma, así que se desplomó en el viejo sofá. Yo me acerqué a Ana y me puse de rodillas, tomé sus manos, las besé y la abracé. -Ahora yo estoy aquí, yo la voy a ayudar porque no la voy a dejar desamparada, ni a usted ni a la niña- le dije a Ana con convicción. -Me desaparecí un tiempo, por la seguridad de la niña, pero después intenté buscar a mi hija a escondidas, yendo de un lugar a otro, preguntando por ella en bares, pero desgraciadamente la encontré demasiado tarde. La gente me decía que se le veía triste…otras personas me decían que el desgraciado de Ruben la maltrataba, la explotaba y ¡quién sabe cuántas cosas más! Me dí cuenta que esa parte de la historia sólo haría sufrir a Ana, más de lo necesario. -No siga, Ana. Hay que ver para adelante, vamos a estar bien, Estelle nos cuida desde el cielo- dije entre lágrimas, tratando de mostrar un poco de fortaleza.


Era de tarde cuando estaba empacando las pocas cosas de la pequeña Estelle. Una maleta de tela eran las pertenencias de una inocente, de la hija de Estelle, la mujer que amé por una noche, de la que creí compartiría muchos más momentos. La noche anterior le susurré a la bebé un poema que unca pasó por mis neuronas, sino que pasó por cada fibra de mi gastado pero aún latente corazón:






Ángel pequeño, desterrado del cielo injusto


que entre mis brazos te manda por encargo divino,


amor no te faltará pues por poeta sé un poco


que lo que tengo en el pecho señala mi destino


latiendo por ti pequeña, mis versos estarán ansiosos


por tenerte en ellos junto a tus ojos puros y hermosos.






-Es hora de irnos Ana- dije convencido de que mi suerte había cambiado. En mi vida habrá de ahora en adelante una parte de Estelle, y con ella mi amor seguirá. Ahora pienso que mi poesía atrajo a Estelle a mi vida, es el resultado de la poesía, un poco trágica, un poco ingrata, pero a veces trae con ella un poco de suerte. La vida de un poeta es así.

martes, 9 de agosto de 2011

La suerte del poeta. Parte VII



Frente mi se encontraba un edificio lúgubre, con las paredes húmedas y desgastadas, las ventanas parecían un cuadro que pintaba historias tristes, como si fueran la entrada a la historia de vidas grises y melancólicas. En el cielo una paloma volaba insegura de posarse en alguno de aquellos balcones descoloridos y oxidados, que más alejaban a cualquier ave; además, ni las migajas, mucho menos la comida abundaban por aquellos rumbos. Ana y yo llegamos a la puerta del edificio, ella sacó una llave del bolso de su abrigo y con la mano temblorosa apenas si pudo abrir, mientras yo dudaba si debía ayudarla. Después de cruzar un pasillo y retirar de mi paso la ropa colgada de los tendederos varias veces, llegamos a una escalera que tenía varias lozas destruidas, el pasamanos a punto de desplomarse, inseguro para aquella anciana. Subimos dos pisos que me parecieron eternos al paso de Ana, al final de cuentas y después del cuarto escalón la tomé del brazo, ella simplemente se dejó ayudar, parecía que no estaba en condiciones de rechazar tal ayuda. El silencio se hizo mi enemigo pues mi mente estaba haciéndose miles de preguntas, la más inmediata y recurrente era ¿qué estoy haciendo aquí?, pero ya estaba ahí y tenía que afrontar el resto; además, Estelle venía a mi cabeza una y otra vez, hasta sentía que ella misma me estaba guiando hacia aquel lugar, hacia aquella parte de mi vida. Entramos por fin a un departamento, -Adelante Phillip, disculpe la pobreza- me dijo la mujer con tono de vergüenza, su mirada se estrelló en el piso donde una roída alfombra carmesí nos daba la bienvenida. -No tiene que pedir disculpas de nada- respondí inmediatamente, tratando de aliviar su pesar. -Tome asiento, le traeré un té de menta y más vale que se ponga cómodo porque le contaré muchas cosas-, Ana se apresuró a decir mientras se quitaba con dificultad su abrigo, lo botó en la mesa y se dirigió a un pequeño cuarto que hacía las veces de cocina, en realidad sólo se veía una vieja parrilla y unas repisas a punto de caerse con algunos trastes despostillados. Agradecí el gesto de la anciana con una sonrisa y en lugar de sentarme observaba los detalles de aquel hogar mientras giraba como tratando de darme cuenta en qué lugar me encontraba, lo primero que me llamó la atención fue una foto de una niña como de 10 años que tenía puesto un vestido con holanes y un gran moño rosa colocado junto al hombro derecho, inmediatamente supe que se trataba de Estelle. Estaba cantando, se veía feliz, y su mirada parecía estar viva, parecía que me estaba viendo, o al menos así lo sentí y de repente sentí la necesidad de pasar la manga de mi camisa por mis párpados húmedos. Escuché quela anciana regresaba a la pequeña sala compuesta por un sillón y un sofá. -Estelle no quería saber mucho de mí, Phillip, y yo no quise saber de ella durante mucho tiempo, pero me arrepentí y traté de encontrarla, pero como usted verá, fue demasiado tarde, pero no hablemos más de eso- dijo secamente con un tono de dolor y tristeza.-Veo que esa foto le es familiar de alguna forma-, la mujer se dio cuenta de que estaba enjugando algunas lágrimas y como respetando ese momento se dio la vuelta para darme un poco de privacidad y se sentó en el sillón. -Estelle fue una niña adorable, llena de talento…nació para cantar, seguramente usted se habrá dado cuenta- , la mirada de Ana se fijó en mis ojos con una dulzura que me obligó a acercarme a ella,-cuénteme de ella, dígame como era Estelle- le dije suplicante. Ana suspiró y volteó al techo, su mirada se posó ahí durante algunos segundos, parecía que estaba recordando o que sus ideas trataban de organizarse, tal vez decidiendo por dónde debía comenzar. -Estelle siempre quizo ser una cantante famosa, siempre quiso llegar muy lejos, y su padre siempre se encargó de alimentar sus sueños, tal vez más de la cuenta-, la última frase denotó un aire de resentimiento. -El padre de Estelle la obligaba a ensayar una y otra vez, trataba de que fuera la mejor de todas, de alguna manera le robó su infancia de juegos y amigos, se la cambió por interminables horas junto al piano. Cuando Estelle alcanzó cierta edad, su padre comenzó a llevarla a cantar a bares, a cualquier lugar que quisiera contar con una chica cantante, además que su belleza siempre la acompañó-. Ana extendió su mano señalando el sofá, invitándome asentarme, rápidamente me senté pues quería seguir escuchando la historia de Estelle -siga por favor- dije ansioso. -Aunque se puede decir que tuve una familia normal los primeros años de Estelle, con el tiempo las cosas cambiaron para nuestra mala fortuna, un mal día hubo una riña en un bar en donde trabajaba Eugene, padre de Estelle, y en su destino estaba que habría de morir por una bala perdida, lo más curioso, Phillip, es que la bala atravesó su hígado, creo que sólo se adelantó a su muerte por cirrosis, Eugene era alcohólico desde hacía muchos años, tantos que ya me había dado varios sustos, muchas veces las pasé a su lado en el hospital y por más que los doctores le advirtieron, Eugene sabía que estando en el ambiente de los bares no podría dejar el vicio jamás, es más, nunca lo intentó siquiera- Aquella mujer de edad avanzada tenía la necesidad de contar su historia, le sentí, así que no interrumpí su relato, por otra parte, yo ansiaba escuchar lo que había vivido Estelle, quería entender de esa manera la vida de la mujer de la que me enamoré en una sola noche. En el fondo de mi corazón estaba agradecido con la madre de Estelle. -Después de la muerte de Eugene, mi hija no volvió a ser la misma, se fue su compañero, su guía. Estelle dejó de cantar por mucho tiempo, hasta que un día decidió irse de la casa. Su rebeldía y rencor por la vida la volvió una mujer melancólica, tanto que aparentaba ser de mayor edad. La pesadumbre de su alma rebasó mis intentos por sacarla adelante, y hasta la fecha me reprocho no haber hecho algo más-. Los ojos de Ana se enrojecieron y un par de lágrimas corrieron por su rostro arrugado hasta caer sin remedio. Me sentí triste. Ana prosiguió: -en fin, nadie nos enseña cómo debemos ser ni cómo debemos vivir la vida, y menos cómo influir positivamente en los demás, pero aún así sé que nunca dejé de apoyar a mi hija, siempre hice todo lo que pude, siempre la amé- dijo sollozando. -Sé que así fue, Ana, no me cabe la menor duda-. Ana me tomó de la mano en señal de agradecimiento. -Después de algunos años en los que no supe gran cosa de Estelle, vino un día a la casa junto con un hombre del que se decía muy enamorada, un tal Ruben. Yo siempre sentí que aquel tipo la influenciaba de mala manera; sin embargo, ese tipo la llevaba a cantar a varios lugares, de cierta forma había revivido una parte de Estelle y yo agradecía eso, aunque el tipo me daba desconfianza, y con razón-, Ana hizo una pausa y se levantó con dificultad, después de unos segundos me di cuenta de que se levantaba por el sonido y el olor del agua hirviendo, sentí que era un buen momento para detener la conversación y tomar aire. El olor de la menta inundó la estancia, el sonido de la cuchara dando vueltas, golpeando la tasa fue lo único que se escuchó durante unos instantes. Me acerqué la bebida caliente y soplé suavemente hasta que me decidí a probar la infusión. Apenas coloqué la tasa en la mesita que estaba junto al sofá y Ana continuó: -Ruben la presionaba todo el tiempo con mejorar, con dar lo mejor cada noche, decía que si seguía sus instrucciones llegaría muy lejos, y así pareció al principio, Estelle comenzó a tener presentaciones en sitios reconocidos, comenzó a ir a otros países incluso, ¿ve aquellas fotos?- me señaló unas fotos sobre una repisa. Desgraciadamente, este tipo comenzó a influir demasiado sobre mi hija, a tal grado de que Estelle hacía todo lo que ese desgraciado le pedía-. En ese instante sentí rencor y odio por aquel tipo, recordaba además la nota que había encontrado en casa de Estelle y sentía ganas de salir a buscarlo y partirle la cara. -Ese infeliz- murmuré. -¿Perdón?- inquirió Ana, rápidamente le respondí: -No me haga caso, siga contándome si es que quiere seguir, si no yo entenderé que…-, tenía que preguntarlo, ya que noté que la mujer se veía agotada. -Quiero que escuche lo que tengo que decirle, a final de cuentas, he querido que venga y he querido contarle esto porque parece buena persona y porque sé que mi Estelle de alguna forma lo admiraba, y mire que al final verá que no soy tan buena persona como usted cree porque usted descubrirá al final mi chantaje-. Las palabras de Ana me dejaron sorprendido pero aún así sentí que no podía haber un chantaje real, pues a pesar que me imaginaba algunas cosas no me parecían perversas. -Es hora de que conozca a alguien, Phillip, permítame un momento. La mujer se levantó y se dirigió hacia un cuarto del departamento, lo hizo lentamente como tratando de no hacer ruido, pues la madera del piso rechinaba y crujía a cada paso de la anciana. Después de un par de minutos comencé a sentirme nervioso pues Ana no daba la menor señal de su presencia. -Ana, ¿está todo bien?-, pregunté con preocupación. Inmediatamente obtuve respuesta cuando vi a la mujer yendo hacia mí cargando lo que parecía una niña como de unos dos años de edad. Mi cara no disimuló sorpresa, la historia de la anciana apenas estaba por iniciar. Un escalofrío recorrió mi cuerpo, pero una sonrisa ligera, somnolienta de aquella niña terminó por arroparme. -Ella es la pequeña Estelle-, dijo Ana amorosamente.

miércoles, 6 de julio de 2011

Pequeña Novela (intitulada) Parte VI

Parte VI



La vida parece encerrar misterios, pero la verdad es que es simple: uno nace un día para que cualquier otro muera, no hay más. Los humanos somos los que hemos complicado la simple existencia de un ser vivo. Ahí está el resto de los animales, sabios de verdad. Nos aferramos a la vida y sus banalidades. Creemos que debemos vivir al límite porque la vida es corta y así cometemos errores todo el tiempo. No vivimos con dignidad. Peor aún, precipitamos nuestra propia muerte. No somos nada.


-Se puede decir que la conocí, aunque hubiese querido conocerle más; sin embargo lo que tuve de Estelle me basta para quererla toda la vida, pero me quedará siempre la duda de qué hubiera pasado si…- fue lo primero que me vino a la cabeza, pero la anciana me interrumpió –no hable de más, y menos sobre la tumba de Estelle, déjela descansar, ahora sólo debemos procurar estar en paz, facilitarle el camino al cielo, ¿no cree señor…?...- dijo sabiamente la mujer. -Phillip-. La mujer continuó -¿acaso tendría sentido reprocharle a la vida el que no viese más a mi hija viva? No tuve oportunidad de verla viva una vez más. La última vez que la vi con vida fue hace 5 años-. Soltó un grito ahogado y los ojos cansados y repletos de sus párpados abultados se enrojecieron. Lágrimas de verdadero dolor corrieron por sus finas arrugas. Después de algunos instantes, se contuvo y repitió varias veces la palabra “amor” mientras alzaba la cabeza al cielo. Parecería que el rito surtió efecto, pues de inmediato esbozó una sonrisa y se volvió a la tumba de Estelle con un rostro apacible, lleno de amor materno. No había más que decir por mi parte. Sentí que debía partir en ese momento y dejar a la mujer sola, así que di unos pasos hacia atrás y dije –los siento mucho, deseo que pronto encuentre resignación, mis bendiciones para usted señora-. Un silencio helado nos envolvió por unos segundos. -Espere un momento, Phillip Davis, ¿no es acaso ese su nombre?- me preguntó la anciana tomándome con la guardia baja. -¿Cómo lo supo?-. La mujer me extendió una hoja de papel arrancada de un libro. Rápidamente eché un vistazo a la hoja y vi el título de un texto: “Pena de muerte”, firmado por Phillip Davis.


Pena de muerte



Me cortaron las manos y me amarraron la lengua

con palabras de desamor, con palabras afiladas

me hirieron una y otra vez hasta ver que mi valía

se evaporaba por los aires, mis plegarias anegadas

entonces no me hablaron más pues lo que tenía

se derramó en tristeza, se quedó en un “a ver qué pasa”.



Desde aquella tarde te he necesitado más, no por mi invalidez,

no porque necesite quien me dé esperanzas,

no porque necesite tus vientos soplando a mi favor,

no porque mis llagas comienzan a pudrirse,

te necesito simplemente porque te quiero.



Me dieron ausencia, me dieron una celda

en lo más profundo del infierno eterno,

y lo que más me dolió también me escalda

la pluma, la voz, la mirada, tu recuerdo.



Lo tenía todo en una pócima que me llenó de candor,

luego se derramó, se convirtió en elegía, en ruinas,

se fugó con ello la inocencia y un poco de mi amor,

en tu rostro no vi ganas de sanarme, más vi mi suerte

echada por verdad, vi mi pena de muerte.






Hacía un largo tiempo que no había leído aquel poema mío. De inmediato me vino a la mente el recuerdo de aquel momento en el que escribí esas líneas. -La última carta que me envió mi Estelle venía acompañada de esta hoja, que ironía el título; además lo encuentro a usted aquí, ¡vaya casualidad!-. Recordé la carta que había hallado en la casa de Estelle. -Por si fuera poco, hallé la dirección de mi hija, aunque tarde, gracias a una fotografía que me envió mi niña hace algunas semanas. Y ahí estaba usted en el fondo, mirando a la nada. A usted le he reconocido y al hallarlo a usted hallé a mi hija, aunque sin vida-. Me llené tanto de confusión como de tristeza y mi cabeza comenzó a dar vueltas. –Quizá quiera acompañarme a mi casa, si usted estuvo con Estelle los últimos días de su vida dígame qué pasó, se lo pido como madre-. Ante esta suplica no podía negarme, además que sentía las mismas ganas de saber más de la vida de Estelle. -Por supuesto que sí, señora…- dije esperando escuchar el nombre de anciana. -Ana- contestó. Me tomó del brazo y lentamente dejamos el panteón. Algo me decía que el mi vida estaría por cambiar drásticamente. Sentí escalofríos.

viernes, 24 de junio de 2011

Parte V

Parte V

-Bien, puede irse, pero no de aleje demasiado, ¿está bien?- escuchaba decir al detective; sin embargo, yo seguía pensando en Estelle y en todo lo que había ocurrido hacía sólo un día antes. Al llegar a mi casa ya me esperaba media botella de brandy en mi mesa. Me encontraba solo nuevamente, Estelle se me había ido o me la habrían arrancado. Daba igual, no era la primera vez que me había ocurrido en la vida, pero lo que me seguía dando vueltas en la cabeza era que todo había sucedido tan rápido. Mi copa se vació y la llené las veces que fue necesario, no tenía cosa mejor que hacer. El sonido de la música acompañaba a mi tristeza a la perfección: “Etude in E menor” de Chopin. Mi mano vagó lentamente hacia mi pluma, en movimientos automáticos comencé a escribir en el papel amarillento:


El día se me ha vuelto oscuro como aquel destino

de algunos seres que han tenido muy poca fortuna,

ajenos los dioses a sus súplicas nublan su camino,

se divierten desde el cielo, cantan, ríen, y en la premura

de saberse olvidados nos enseñan la tragedia y el dolor

para volvernos hacia ellos y suplicarles una explicación,

mas ellos nos seducen y nos envuelven en el hedor

del invento funesto del hombre triste…la esperanza,

misma que crece como el cáncer y nos da una falsa fortaleza.

 
-No les daré gusto a esos dioses- me repetía una y otra vez mientras deambulaba por mi casa rancia, -algún día volveré a ver a Estelle y ese día arreglaremos cuentas-me decía consolándome. La luz opaca del foco de la habitación complementaba la escena que yo estaba ejecutando a la perfección, rematando el cuadro de la miseria humana. Pero yo siempre he hallado la manera de salirme con la mía, ¡por algo soy poeta! , y los poetas nos nutrimos y creamos a partir de los verdaderos sentimientos, de lo que nace en lo que nos pertenece realmente, nuestra alma, porque ni en la razón se puede confiar, uno nunca la tiene del todo, siempre hay alguien con más razón. Las palabras se refutan y los argumentos que a veces parecen sólidos se pueden volver como la hoja seca de un árbol inmersa en la voluntad del viento. Sin embargo, la voz del poeta se ha transformado en parte del alma, y esa nunca fenece. Resulta curiosa la manera en la que me encontré por vez primera con la poesía, irónicamente estuvo acompañada por la muerte. Tenía como diez años. Uno de mis tíos falleció un día de octubre. Aunque yo no lo había conocido lo suficiente, mis encuentros con él siempre habían sido amables, siempre me pareció un buen tipo aunque muy serio siempre. Algunos de mis primos pequeños merodeaban la casa, impedidos a jugar, sin entender la situación que seguramente les pareció de lo más rara. No se puede entender a la muerte a corta edad; sin embargo si se puede experimentar. En fin, que en un momento de aburrimiento salí por el corredor de la vecindad y al llegar al portón de madera me encontré con un tipo de cabello largo, de unos 30 años, estaba sentado mirando unas hojas, también fumaba. Miré con curiosidad y observé que tenía una botella de licor al lado suyo, volteó sorprendido al verme y me dijo –sólo espero a alguien, no pasa nada-, dobló sus hojas y nerviosamente las guardó dentro de uno de los bolsillos de su chamarra. -¿Qué escribe?- le inquirí súbitamente, -un poema para mi tío, a lo mejor no me conoces pero soy uno de tus primos mayores, el viejo Paul me regaló muchos libros de poesía, por eso le escribo uno ahora-. A partir de ese momento me enganché con la poesía, al principio por curiosidad. –Te recomiendo a Pessoa y a Bukowsky- recuerdo aún sus palabras, aunque no recuerdo nada de su poema, sí recuerdo que me lo mostró. No volví a ver a ese primo, pero pienso que sólo estuvo ahí para abrirme las puertas del mundo de la poesía, en medio de la muerte.

-Pues aprovechemos este momento-, fue lo último que recuerdo haber pensado conscientemente. Pasaron varios días y seguía bebiendo y escribiendo, escuchando música: Grieg, Brahms, Mahler y más Chopin. De repente me di cuenta que debía parar, y me surgió la idea de ir a visitar el sepulcro de Estelle. El corazón me lo reclamaba y mi alma me obligaba a ver el lugar en que descansaba Estelle, o eso me dije a mí mismo. Sabía que a través del bar me enteraría de los detalles del sepelio. Fernand, el cantinero me vio entrar y de inmediato me sirvió un trago, aunque lo rechacé de inmediato para la sorpresa de él y la mía. -Estaba embarazada Phillip- la noticia me cayó tan sorpresivamente que dude si había escuchado bien o pensaba que Fernand se equivocaba acaso, aún así sentí como si me hubiese caído un balde de agua fría, de inmediato bebí el trago de un solo golpe. -¿Qué has dicho?-le pregunté con desconcierto. -Nos hemos enterado por el dictamen de la autopsia, nos lo ha dicho Frank el policía, ese gordo bigotón que viene de vez en cuando a alardear y a chismear- dijo Fernand sigilosamente como cuidándose de que alguien lo oyera. Mientras el cantinero seguía hablando yo me quedé pasmado y después de algún tiempo, no sé cuánto, salí del bar sin decir palabra. Solo recuerdo que Fernand me hablaba, -Phillip, ¿a dónde vas?-.

Al llegar a la tumba me quedé sin palabras, sin pensamientos, sólo estaba ahí, junto a Estelle, -tal vez sea la última vez que venga a verte- pensé sin darme cuenta, así como también comencé a especular un montón de ideas absurdas, todas ellas sobre el futuro que habría tenido de haber vivido Estelle un poco más al menos. Saqué de la bolsa de mi saco uno de los poemas que le había escrito para Estelle, no a ella, si no para la ocasión, ojalá me entiendan. Coloqué la hoja de papel y la coloqué sobre la lápida, la aseguré con uno de los crisantemos que habían sido colocados al lado y que aún se negaba a marchitarse.

-¿Conoció a mi Estelle?- escuché una voz en medio de sollozos. Una mano lánguida y arrugada me tocó el hombro.

jueves, 9 de junio de 2011

Pequeña novela (Intitulada). Parte IV

Parte IV



La vida es misteriosa, lo supe desde muy pequeño. La vida es difícil de comprender, lo supe desde que tuve uso de razón y en aquel momento lo estaba viviendo en carne propia. Con mis manos temblorosas encendí un cigarrillo y comencé a ir y venir por la habitación tratando de que mi mente se aclarase un poco y de que pudiera pensar qué era lo que estaba pasando en ese momento. Sentí nauseas y una sensación de vértigo que nunca había sentido antes, sentía una opresión en el pecho que apenas si podía respirar. Miré a Estelle, con su cuerpo sin vida, marchitándose a poco, pero aún con la belleza terrenal. La quise tener entre mis brazos por última vez; además sabía que su alma probablemente me habría esperado para una despedida. Lo comprobé cuando aún sentí un poco de calor en su cuerpo. –Mi Estelle, querida, me has dejado muy pronto- mi voz se entrecortó y mis aún temblorosas sostenían su cabeza sobre mis rodillas.-¿Qué habría sido de nosotros si…?- pensé, aunque inmediatamente supe la respuesta. Seguramente lo habría echado todo a perder como siempre, la historia de mi vida a final de cuentas. Pasaron por mi tantos y tantos momentos dolorosos de mi vida, grises, en los cuáles la vida la imaginaba como un grandulón abusivo de la escuela que de muy de vez en cuando me esperaba a la vuelta de la esquina para golpearme hasta provocarme casi la muerte, pero siempre me dejaba vivir para que pudiera golpearme nuevamente, y cada vez más cerca de la muerte hasta llegar al punto que deseaba arañar la misma entrada de la oscuridad perpetua antes que soportar más dolor. Tal vez yo soy el que causa tantos problemas –soy como una llamarada que quema y desaparece las cosas, la gente y no deja nada de ellos- me dije. –Hasta siempre mi querida Estelle-, fueron mis últimas palabras. Tomé el frasco que estaba en el buró y vi que estaba vacío, ni una sola pastilla, cuántas pastillas se habrá tomado eso nunca lo sabré. Deambule un largo rato por la habitación tratando de encontrar algo que me diera alguna información sobre esa persona que me estaba dejando, que estaba arrastrándome hacia una muerte lenta. Busqué entre los cajones del buró primero, y después busqué en el escritorio que estaba frente a la cama, abrí el primer cajón y encontré un sobre que tenía escrito -Estelle-. Abrí el sobre y dentro estaba una carta escrita a mano, inmediatamente supe que se trataba de la letra de un hombre. Comencé a leer.


Estelle,


Te quiero, pero debes saber que no te amo. Llegar a esta conclusión no ha sido fácil, pero en vista de nuestra situación prefiero que mantengamos una resistencia pacífica en lugar de una guerra sin cuartel. Tu melancolía me ha abrumado todos estos años, y aunque alguna vez te amé, debes saber que a una persona como tú resulta difícil amarla, simplemente no naciste para el amor Estelle. Cada vez me cuesta más trabajo fingir que puedo ser feliz contigo, cada vez me veo más lejos de tu piel, de tus ansías por sufrir las cosas. Si piensas que esto es cruel, por lo menos debes saber que también ha sido cruel mantenerme en pie mientras tu forma de vivir destrozaba lentamente mi vida. Creo que nunca te entendí, aunque de verdad lo intenté. También pasamos buenos momentos, lo sé, y prefiero conservar esos momentos y mantener el respeto que nos debemos a vivir una vida de mentira. Ya no nos veremos más, aunque si lo deseas podemos platicar de vez en cuando. A final de cuentas eres una mujer fuerte y sé que saldrás adelante sin mí. Aprovecha tu talento y encuentra a quién amar y quién te ame. Siento que las cosas hayan terminado así.


Ruben.


Casi me voy de espaldas, sentí mi cabeza estallar nuevamente. ¿Qué clase de persona haría esto? ¿Qué monstruo habría sido tan cobarde como para mandar una carta a una persona y destrozarla con semejantes palabras? La carta estaba fechada de hacía una semana atrás. A partir de ese momento comenzaba a entender aquella mirada de Estelle en el bar. Seguí buscando entre sus cajones tratando de hallar algún dato de un familiar o persona cercana. No encontré nada por más que busqué de arriba a abaja por toda la casa. Seguía fumando y cada vez me preocupaba más, no por la situación en la que me encontraba, si no porque sentía que una nube de tristeza entraba por cada poro de mi cuerpo y sabía que me orillaría de nuevo por la oscuridad de los pensamientos de suicidio. En aquel momento no parecía una mala idea, acompañaría a Estelle muy pronto y podría entonces preguntarle qué había pasado esa noche. Lloré por mucho rato acostado junto al cuerpo de Estelle, pidiéndole que me despertara de aquella pesadilla, rogándole que terminara con esta mala película de nuestras vidas, a final de cuentas ficción. No, nuestras vidas no podían terminar así, se suponía que debía haberle hecho poesías a aquella mujer que vislumbré perfecta en mi vida, se supone que debía hacer el amor con ella a todas horas, en muchos lugares, de muchas formas, se supone que deberíamos acompañarnos en nuestra soledad y compartir esa melancolía que nos había unido esa noche.


El tiempo siguió su curso implacable, entonces el sonido del teléfono provocó en mí un sobresalto. Dudé en contestar pero pensé que podía ser algún conocido al que le pudiera decir lo que había ocurrido, a sabiendas de que enfrentaría acusaciones en mi contra, sospechoso lo era, sin duda. -Aló- dije con voz dubitativa. -¿Señorita Estelle Lamark? Hablamos de “Laboratorios Clínicos Bernard”- Escuché una voz femenina, -No se encuentra, pero puede dejar recado, habla su hermano- fue lo primero que se me ocurrió. –Los resultados de sus análisis están listos, puede pasar por ellos cuando desee-. -¿De qué análisis se tratará?- me pregunté. Pero eso no era importante así que finalmente decidí llamar a la policía al no encontrar persona alguna a la que le pudiera llamar.


Después de unos minutos llegó la policía, la puerta estaba abierta de tal manera que cuando entraron llevaban sus armas apuntando, en posición de disparar. Me encontraron sentado junto al cuerpo de Estelle, confirmaron su muerte y comenzó la indagatoria. Mientras la patrulla arrancaba veía desaparecer aquella casa lentamente. -Nunca más pasaré por ahí- me repetía a mí mismo. -Hasta siempre, Estelle-.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Pequeña Novela (Intitulada) Parte III

Al ver a Estelle cerca de mí, me percaté de su belleza iluminada por la luz de la farola.  Después de unos segundos en los que me sentí pasmado reaccioné a su ofrecimiento de manera torpe, casi temblando acerqué mi cigarrillo al fuego. Miré los cándidos ojos de Estelle  y por unos momentos me asomé al vacio de su alma… y me dio miedo. Mi curiosidad se despertó al sentir su presencia, su cuerpo, su calor y su inmediata sensación de indiferencia. –Me has arruinado la noche, tonto- me dijo con cierta voz de reclamo; sin embargo, esbozó una tímida sonrisa. –No ha sido culpa mía, lo he hecho en defensa del género femenino y ya ves lo que pasó- le dije tratándome de sincerarme con ella. –Creo que tu y yo tenemos muchas cosas en común- me dijo tomándome por sorpresa. –Padecemos de soledad, y queremos defender a los demás, aún si no tenemos la razón y andamos por la vida metiéndonos en serios líos, ¿o me equivoco?- dijo inquisitivamente.-Más o menos, pero podemos averiguar qué otras cosas tenemos en común y en qué somos diferentes.-le respondí incitándola a seguir la plática. Me di cuenta que se sintió amenazada por mi oferta y sonriendo le dije –de una vez te digo que no creo en las almas gemelas, pero si te puedo decir que tu y yo somos de esas personas que tienen mucho que platicar- le dije mientras la miraba fijamente a los ojos. –No esta noche- me respondió fríamente, acto seguido sacó de su bolsa un cigarrillo y lo encendió lentamente. El ver sus labios tocando suavemente el filo de sus labios me hizo cambiar de estrategia.-Bien, entonces hagamos un intercambio artístico, tu cantarás para mi, y yo te recitaré alguno de mis poemas, y si vienen a mi las musas hasta podría hacer un poema esta noche-, propuse tirando mi última carta.-Me despidieron esta noche, dicen que no pueden pagarme más-  dijo con una voz entrecortada y con los ojos a punto de volverse manantial de lágrimas.-Pero quiero seguir cantando esta noche, tal vez sea la última que lo haga, así que después de todo acepto la propuesta-. Todo fue raro a partir de ese momento, pero me refiero a la rareza en que uno se siente un poco más vivo, en el que nos percatamos de la relatividad del tiempo y de la coincidencia de éste con el espacio.-Vamos a mi departamento, tengo un piano, y tu te encargarás de llevar lo tuyo-. Una botella de vino pensé, o tal vez dos. Después de recorrer algunas calles a la luz de la triste y húmeda noche llegamos al departamento de Estelle. Platicamos sobre los patrones avaros y su afán de ganar dinero a costa de los artistas. Obviamente que despotricamos contra todo y contra todos. Al llegar a la puerta del departamento, Estelle trató de abrir, pero la llave se trabó un poco. Lentamente le tomé de la mano y la empujé hacia el cerrojo. Afortunadamente la cerradura cedió. Nos miramos un par de segundos, esta vez estuvimos más cerca y pude oler su delicado perfume.-Pasa, no te fijes por el tiradero- dijo rápidamente cortando el momento anterior. Di un paso al frente y decidí dar un vistazo general. Discos y libros por todas partes, un cuadro de Remedios Varo y otro de Dalí lucían en la pequeña sala. Tal como Estelle lo mencionó, junto a la ventana que daba a la calle se encontraba un piano que parecía estaba esperando por su hermosa dueña e indudablemente por sus delicadas manos. Entré a la casa y me senté en la alfombra  de la sala, recargándome en un sofá rojo. En frente de mi vi una pared repleta de fotos de diferentes tamaños de Estelle. En algunas estaba cantando en diversos lugares y escenarios y en otras estaba con una persona de edad avanzada, incluso en algunas de ellas estaba aquella persona acompañando a Estelle con un piano. La persona al piano era un señor que miraba dulcemente a Estelle. Después de algunos segundos noté que aquel piano que tocaba ese hombre se trataba del mismo piano que estaba en la sala.-Traeré un par de copas y un sacacorchos, mientras tanto puedes fisgonear un poco, pero no demasiado- dijo Estelle provocativamente mientras se dirigía a la cocina. Ya no tenía sus zapatillas y entonces pude ver el contorno de sus pantorrillas más detenidamente y la excepcional figura  de su espalda y donde ésta termina. Me sentí un poco avergonzado por ello, y desvié la mirada inmediatamente pues no quería que ella se diera cuenta de mi perversidad. De regreso, Estelle se sentó junto a mí y preparamos todo para comenzar a degustar el vino mientras conversamos fluidamente, de todo un poco, inclyuendo lo que sucedió esa noche. Para ese entonces ya parecíamos viejos conocidos, o en su caso dos personas que se flirtean el uno con el otro, al menos eso quise pensar, porque el pasar las horas y al vaciarse las copas me entregué a la sencillez de las palabras de Estelle, a su suave pero firme tono de voz. Después de un par de horas nos quedamos sin palabras, Estelle se dirigió al piano lentamente y comenzó a tocar, a la par que susurraba la letra de aquella canción, yo me sentí irresistiblemente atraído hacia su voz, y hacia su cálido cuerpo que desprendía un aroma a gardenias. Me acerqué  lentamente esperando alguna reacción; sin embargo, tanto Estelle como yo concedimos permanecer juntos mientras ella tocaba aquella canción de blues. Antes de que la canción terminara puse mi mano sobre su cuello y lentamente la deslicé por su espalda tibia. Sentí entonces la respuesta de su piel y como a la par se esfumaba su perfecta interpretación musical. Ella inclinó su cabeza mientras exponía su largo cuello. Su aroma se esparció indicándome que lentamente acomodara su cabello hasta tener campo abierto para olerla de cerca y rosar mis labios con su piel. Sus dedos tocaron todas las teclas del piano que pudieron al mismo tiempo, dando señal de que la canción había terminado y nos hallábamos al inicio de nuestra propia interpretación de la lujuria. Se puso frente a mí y sus piernas ya formaban un espacio en el que yo ocupé un instante después. Torpemente la cargué y coloqué sobre mí, mientras ella, hábilmente me envolvió con sus delgadas piernas y al final me asió contra ella. Reaccioné de inmediato y mi respiración se aceleró al igual que la de ella. Mi instinto me indicó que  debía quitarle el vestido, y lo hice lo más rápido que pude en verdad. -Tenemos toda la noche- me dijo susurrando en mi oído. –Tienes razón, lo voy a disfrutar- le respondí. Nos besamos y pasamos nuestras manos a través de nuestros cuerpos ardientes, tratando de reconocernos, de vivir aquel momento intensamente y queriendo sentir lo que nos pertenecería por un rato. Estelle se detuvo y con un gesto suave me detuvo en el taburete del piano, mientras ella cerró el teclado y se sentó sobre su querido piano ofreciéndome su femineidad. Como una bestia me lancé sobre ella embriagado de placer y tratando de saciar la lujuria que se apoderaba de mi. Mi mente divagó por unos instantes y pensé -¿Cuántas veces habrá hecho esto con otros hombres? ¿O acaso seré el primero? ¡No pienses en eso, no pienses en eso, disfruta el momento! Los jadeos rítmicos de Estelle no regresaron al momento y a su cuerpo húmedo. Sentí sus uñas trazando la huella de aquel momento sobre mi espalda, fue un dolor placentero. La miré y pude percibir su cuerpo vibrando igual que el mío, a punto de llegar juntos al clímax. Lo sentí porque ambos nos unimos más, nos tocamos con mayor intensidad y la respiración sucumbió, se distorsionó ante la pasión que estábamos viviendo Estelle y yo. Sus piernas perdieron fuerza al igual que mis brazos que la sostuvieron durante ese tiempo, de su espalda, de sus piernas, de donde fuese necesario para mantenerme dentro de ella. Lo que sucede después del acto carnal puede ser un momento en el que la mente se pierde, la sensación de placer abandona el cuerpo por quedarle chico, pues la pasión brota por los poros y lo hace reventar. Sólo recuerdo que nos quedamos dormidos sobre el sofá, desnudos y abrazados. Los primeros rayos del sol entraron por la ventana de la sala haciéndome despertar de aquel sueño maravilloso que, incluso, se había extendido a la realidad, hasta que me di cuenta de que Estelle ya no estaba a  mi lado. Como pude me desperté tratando de encontrarla por la casa. Lo primero que se me ocurrió fue buscarla en su habitación, así que entré delicadamente tratando de no despertarla. Ahí estaba ella, recostada en su cama boca arriba. Me acosté junto a ella esperando que no se despertara y que no rechazara mi compañía. Sentí su cuerpo liviano, ausente y frío. Su respiración se había extinguido. Miré al techo y el pánico se apoderó de mí. Me llevé las manos a la cara mientras las lágrimas rodaban por mis mejillas. –Estelle querida... ¿por qué?- era lo único que pasaba por mi cabeza.

viernes, 6 de mayo de 2011

Pequeña novela (Intitulada). Parte II

   Mi embriaguez debía ser evidente. Sin embargo, me sentía en ese estado ideal en el que uno pasa a la desinhibición. Espero que no me haya pasado de la cuenta una vez más. Recuerdo las veces que la he pasado mal a causa de mi manera de beber. Me he peleado y he recibido más de una paliza. He terminado durmiendo con desconocidas, feas y hermosas. He amanecido en lugares en los que nunca había estado antes...y la lista podría continuar.


Pensé que si aparentaba ir al baño tal vez podría encontrarme con Margaret, verla de cerca. La curiosidad se apoderaba de mí y yo siempre he sido como un gato curioso. Lo cierto es que la memoria demerita cuando uno ha ingerido casi media botella de alcohol en el bar, y antes ha bebido más, por días, o debo decir durante varios días, quizá meses. Sin embargo, la memoria empezaba a hilar poco a poco los recuerdos entre Margaret y yo. Logré verla con mayor claridad: cabello negro lacio, ojos grandes. El labio inferior de Margaret era delicadamente más grueso, como invitando a mordisquearlo suavemente. Más alta que yo por poco, quizá porque siempre usaba zapatillas con tacón alto, y cuando uno está en las cuestiones de amor, la estatura importa poco, no cuenta mucho, digamos al menos para mí. -¡Benditas piernas largas!- me decía mi pervertida voz interna. Recordé a poco su espalda con un hermoso perfil, que recorrí varias veces. Me di cuenta que la punta de su cabello rozaba apenas sus hombros delineados. Toda ella daba la idea clara de pecar, y vaya que con ella pequé hasta merecerme el infierno trescientas veces. A pesar de ser mayor que yo por unos años, seguía siendo hermosa. Nuestras miradas se encontraron e inevitablemente me vi caminando hacia su mesa.

-Hola Margaret-, le dije casi por instinto. -Has estado genial la otra noche, te he visto en el Café-, me dijo con cierto entusiasmo que vislumbre en su sonrisa. -Te presento a Javier- dijo inmediatamente al darse cuenta que su pareja mostraba una mirada de confusión y de cierto celo. Recuerdo que el tal Javier se presentó y dijo algo más, pero no le puse atención pues me pareció un tipo gris de primera mano. Cuando conozco a alguien así simplemente decido que recordar a alguien así es meter basura en mi cerebro ya de por si atiborrado con cosas inútiles. Margaret lo interrumpió al ver que yo estaba ausente de su conversación y dijo en voz alta. -Me ha encantado aquel poema que decía que las piernas de las mujeres son un camino estrecho que se ha recorrido una y otra vez, que son como caminos con curvas peligrosas o veloces tramos rectos, pero que el final del camino siempre es una recompensa- dijo de manera efusiva, aunque con un poco de dificultad. Era obvio que había bebido también. -¡Shhhh! creo que debemos bajar la voz Margaret-le dije con una sonrisa burlona. Noté que la gente se mostró un poco impaciente y que Estelle había dirigido su mirada de desaprobación hacia nosotros. -¿Por qué no te sientas con nosotros Phillip?- dijo Javier con tono un poco imperativo. Pensé en mis opciones y a pesar que sabía que no era una buena idea dije -sí, claro ¿por qué no?-. Los tres guardamos silencio un momento, fue un momento incómodo. Centramos nuestra atención en Estelle. Las notas del piano que la acompañaban ayudaron a Estelle a meter al público en su jaula de ensueño. De todas formas advertí que sutilmente adelantó su pierna derecha para mostrar sus atributos. La abertura de su falda dejaba ver lo justo y dejaba el resto a la imaginación. Se percibió un silencio entre la concurrencia, solo algunos sonidos de copas y murmullos al oído. En ese momento Javier ordenó una copa de vino para mí y otra para él. -Ni una más para ti Margaret, empiezas a perder la compostura, y si sigues así vas a invitar a la mesa a cualquier persona que reconozcas-.

La sangre me hirvió en la cabeza. Aquel tipo había hecho un comentario sintiéndose con el derecho que se dan los mamarrachos de controlar la vida de las mujeres, y de paso hasta me había visto como un cualquiera. Suficiente para mí. Guardé silencio y noté que Margaret bajó la mirada, como un cachorro al que su dueño lo ha reprendido. Supe en ese instante que Margaret se había tragado varias palabras. En otros tiempos ella le hubiera contestado como se merece, pero seguramente el tal Javier era su mecenas. Esperé hasta que llegaran nuestras copas de vino y bebí la mía hasta no dejar gota alguna, ante la mirada atónita y de desaprobación de Javier. -Margaret, yo te invito una copa, pierde la compostura si es lo que quieres, ven conmigo, dejemos a este tipo con su arrogancia, a ver si su arrogancia lo aguanta- le dije mirándolo a los ojos. Puñetazo a la cara. Me lanzo contra él. Desastre total. Sentí golpes por todos lados y en menos de lo que lo cuento ya me estaban sacando a patadas del bar. Me limpié la sangre que emanaba de mi nariz y me empecé a reír como si hubiera escuchado el mejor de los chistes. -¡Hice lo correcto dios! ¿Y me mandas una paliza?, jajajajaja, ¡ya no sabes reconocer lo bueno de lo malo viejo!- y seguí riendo hasta que salieron Margaret y el tal Javier. Margaret ni me volteó a ver y el tipo sólo me lanzó una mirada fulminante. Vi que el tenía un trapo sobre la cara al parecer con hielo, por aquello de la inflamación supuse. Ojalá que alguno de mis erráticos golpes haya dado en su rostro y mejor aún en su estúpida hombría. Me dio gusto, aunque no me duró mucho pues Margaret ni siquiera me agradeció el gesto de defenderla. Me senté en la acera y saqué un cigarrillo de la bolsa de mi saco. Busqué el encendedor de entre las bolsas de mi pantalón, de mi saco, camisa y nada. Justo detrás de mi escuché el sonido característico de la ignición de un encendedor. Era Estelle ofreciéndome fuego.

        

miércoles, 27 de abril de 2011

Pequeña novela (intitulada). Parte I

    Cuando Estelle entró al bar el tiempo se detuvo. Mientras ella caminaba segura de sí misma, todo el mundo  la miraba, como si se tratara de la joya más bella que jamás se hubiera visto. Bella más que cualquier joya inerte que hubiera tenido que ser pulida para darle su belleza. Pero no a Estelle. Ella siempre había sido bella, al menos eso me parecía. Incluso detrás de su arrogancia, de la arrogancia que acompaña a las mujeres que se saben hermosas y que perciben que a su paso el mundo voltea a verlas. Yo no la vi. Yo estaba ensimismado en mis pensamientos. Lo que había hecho no tenía nombre, y por si fuera poco era un cobarde. Pero para eso están las malas compañías y el alcohol. Mi mano izquierda estaba envuelta en una copa mientras mi mano derecha sostenía un cigarrillo a punto de terminarse. Después de algunos minutos mirando a la nada, sin darme cuenta de lo que sucedía alrededor escuché las notas del piano. Suaves, melancólicas pero capaces de penetrar hasta aquellos oidos recubiertos por piedra o cemento. Pero cuando se escuchó una voz aterciopelada, cándida y sensual a la vez, las notas del piano pasaron a segundo plano. Los grados de alcohol se disiparon un poco y me concentré en aquella voz que me cautivó. La voz salía de una boca de labios finos, delicados como si se hubieran pintado a mano con los trazos más finos. El cabello de aquella mujer se movía como si fueran un velo, con la gracia del cielo mismo estrellado. Estelle lucía un hermoso vestido verde esmeralda que asentuaba a la perfección el color de sus ojos. Al llegar a sus ojos me detuve un buen rato. Parecía cautivado por la voz de Estelle, sin embargo, sus ojos me reflejaron una tristeza profunda. Siguió cantando y a cada canción pensé que aquellos autores con aquellas canciones de amor le habrían escrito a la belleza, a las emociones, a los momentos que hacen que la vida valga la pena. Yo no podría escribir canciones, pensé. Yo sólo podía destruir la vida de las personas, y lo peor de eso es que tenía la habilidad para hacerlo. Era la única cosa que sabía hacer en este mundo. Lo otro que sabía hacer de vez en cuando, pero de manera bastante mediocre era poésía barata y textos cortos para revistas literarias, diarios, y en general cualquier escrito. Vendía letras me decía a mi mismo. Como muchas personas creía que los libros me enseñarían el mundo. La mayoría de ellos me han enseñado la amargura y la tristeza de historias tristes, y creo que esas historias se me han quedado en el subconsciente y parece que las he repetido en mi vida. Los que tienen finales felices me han hecho enojar más pues ahora sé que los finales felices no existen. Sólo existen tramas complejas con personajes complejos con historias que nunca acaban, que se repiten. Cuando recordé esto volví a ver a los ojos a Estelle y pensé que ella era parte de una historia triste. Y peor para ella porque a pesar de tener la belleza de una flor cultivada en el paraíso, por sus ojos se asomaba una triste mujer sola e infeliz. Una flor que todos querían tener un sus manos, como adorno o como parte de un ramo que se presume y se regala pero que se sabe que al poco tiempo se marchitará. Mientras transcurría la noche Estelle seguía cantando sin decir palabra alguna entre las canciones, simplemente se limitaba a cantar. No dirigía la mirada a nadie, supongo que no quería mostrar ere resquicio de su alma. Era lo único que le pertenecía.
     Me dieron ganas de orinar. Traté de caminar lo más firme posible, sin que se notara mi estado de ebriedad. Sin embargo sabía que mi cerebro cobraba factura de la bebida, además estaba en ese maravilloso estado de embriaguez en el que uno se siente atractivo e interesante, y lo mismo pasa con las personas que uno se encuentra a su paso. En resumidas cuentas me sentía un socialité en un bar de segunda clase. Y creía que alguien me reconocería a mi paso, tal vez porque me habrían visto declamando en algún lugar. Claro que inmediatamente me vino la idea a la cabeza de que la gente no va a mis presentaciones. Si yo les dijera la manera en la que han terminado muchas de mis presentaciones seguramente terminarian sintiendo lástima, verían a un tipo de mediana edad con una vida patética sin futuro. En fin, pensarían que estoy acabado a mis 35 años.
Muchas veces me corrieron de bares y cafés literarios. Peleas con los clientes, algunas veces porque les incomodaron mis versos y otras veces porque en mi embriaguez, dedicaba poemas a bellas mujeres, que desgraciadamente solían ir acompañadas. Recuerdo una vez que a medio poema vomité. Pude escuchar como el público expresó el asco hacia ese momento, y hacia mi.
No siempre se me deja decir la poesía que me a mi me gusta, pues siempre es mejor la poesía para enamorados. Si ellos terminan felices probablemente me dejen algún billete. A veces hay que medir al público y si los ánimos son pesados; es decir, hay varios corazones rotos, prefiero incrementar su infelicidad con mis versos. A eso van, me decía a mi mismo, van a sufrir.
Miré alrededor del bar a ver si encontraba algún rostro familiar. En una mesa vi a una mujer que fijó la mirada en mi. De cierta manera sentía una mirada y parecía ser la de ella. Aunque tal vez estaba en un error. Veía doble y me costaba trabajo enfocar la vista. Después de unos segundos me di cuenta que era ella. Después de lo que pasó entre nosotros, ahí estaba Margaret, con otro hombre.