jueves, 9 de junio de 2011

Pequeña novela (Intitulada). Parte IV

Parte IV



La vida es misteriosa, lo supe desde muy pequeño. La vida es difícil de comprender, lo supe desde que tuve uso de razón y en aquel momento lo estaba viviendo en carne propia. Con mis manos temblorosas encendí un cigarrillo y comencé a ir y venir por la habitación tratando de que mi mente se aclarase un poco y de que pudiera pensar qué era lo que estaba pasando en ese momento. Sentí nauseas y una sensación de vértigo que nunca había sentido antes, sentía una opresión en el pecho que apenas si podía respirar. Miré a Estelle, con su cuerpo sin vida, marchitándose a poco, pero aún con la belleza terrenal. La quise tener entre mis brazos por última vez; además sabía que su alma probablemente me habría esperado para una despedida. Lo comprobé cuando aún sentí un poco de calor en su cuerpo. –Mi Estelle, querida, me has dejado muy pronto- mi voz se entrecortó y mis aún temblorosas sostenían su cabeza sobre mis rodillas.-¿Qué habría sido de nosotros si…?- pensé, aunque inmediatamente supe la respuesta. Seguramente lo habría echado todo a perder como siempre, la historia de mi vida a final de cuentas. Pasaron por mi tantos y tantos momentos dolorosos de mi vida, grises, en los cuáles la vida la imaginaba como un grandulón abusivo de la escuela que de muy de vez en cuando me esperaba a la vuelta de la esquina para golpearme hasta provocarme casi la muerte, pero siempre me dejaba vivir para que pudiera golpearme nuevamente, y cada vez más cerca de la muerte hasta llegar al punto que deseaba arañar la misma entrada de la oscuridad perpetua antes que soportar más dolor. Tal vez yo soy el que causa tantos problemas –soy como una llamarada que quema y desaparece las cosas, la gente y no deja nada de ellos- me dije. –Hasta siempre mi querida Estelle-, fueron mis últimas palabras. Tomé el frasco que estaba en el buró y vi que estaba vacío, ni una sola pastilla, cuántas pastillas se habrá tomado eso nunca lo sabré. Deambule un largo rato por la habitación tratando de encontrar algo que me diera alguna información sobre esa persona que me estaba dejando, que estaba arrastrándome hacia una muerte lenta. Busqué entre los cajones del buró primero, y después busqué en el escritorio que estaba frente a la cama, abrí el primer cajón y encontré un sobre que tenía escrito -Estelle-. Abrí el sobre y dentro estaba una carta escrita a mano, inmediatamente supe que se trataba de la letra de un hombre. Comencé a leer.


Estelle,


Te quiero, pero debes saber que no te amo. Llegar a esta conclusión no ha sido fácil, pero en vista de nuestra situación prefiero que mantengamos una resistencia pacífica en lugar de una guerra sin cuartel. Tu melancolía me ha abrumado todos estos años, y aunque alguna vez te amé, debes saber que a una persona como tú resulta difícil amarla, simplemente no naciste para el amor Estelle. Cada vez me cuesta más trabajo fingir que puedo ser feliz contigo, cada vez me veo más lejos de tu piel, de tus ansías por sufrir las cosas. Si piensas que esto es cruel, por lo menos debes saber que también ha sido cruel mantenerme en pie mientras tu forma de vivir destrozaba lentamente mi vida. Creo que nunca te entendí, aunque de verdad lo intenté. También pasamos buenos momentos, lo sé, y prefiero conservar esos momentos y mantener el respeto que nos debemos a vivir una vida de mentira. Ya no nos veremos más, aunque si lo deseas podemos platicar de vez en cuando. A final de cuentas eres una mujer fuerte y sé que saldrás adelante sin mí. Aprovecha tu talento y encuentra a quién amar y quién te ame. Siento que las cosas hayan terminado así.


Ruben.


Casi me voy de espaldas, sentí mi cabeza estallar nuevamente. ¿Qué clase de persona haría esto? ¿Qué monstruo habría sido tan cobarde como para mandar una carta a una persona y destrozarla con semejantes palabras? La carta estaba fechada de hacía una semana atrás. A partir de ese momento comenzaba a entender aquella mirada de Estelle en el bar. Seguí buscando entre sus cajones tratando de hallar algún dato de un familiar o persona cercana. No encontré nada por más que busqué de arriba a abaja por toda la casa. Seguía fumando y cada vez me preocupaba más, no por la situación en la que me encontraba, si no porque sentía que una nube de tristeza entraba por cada poro de mi cuerpo y sabía que me orillaría de nuevo por la oscuridad de los pensamientos de suicidio. En aquel momento no parecía una mala idea, acompañaría a Estelle muy pronto y podría entonces preguntarle qué había pasado esa noche. Lloré por mucho rato acostado junto al cuerpo de Estelle, pidiéndole que me despertara de aquella pesadilla, rogándole que terminara con esta mala película de nuestras vidas, a final de cuentas ficción. No, nuestras vidas no podían terminar así, se suponía que debía haberle hecho poesías a aquella mujer que vislumbré perfecta en mi vida, se supone que debía hacer el amor con ella a todas horas, en muchos lugares, de muchas formas, se supone que deberíamos acompañarnos en nuestra soledad y compartir esa melancolía que nos había unido esa noche.


El tiempo siguió su curso implacable, entonces el sonido del teléfono provocó en mí un sobresalto. Dudé en contestar pero pensé que podía ser algún conocido al que le pudiera decir lo que había ocurrido, a sabiendas de que enfrentaría acusaciones en mi contra, sospechoso lo era, sin duda. -Aló- dije con voz dubitativa. -¿Señorita Estelle Lamark? Hablamos de “Laboratorios Clínicos Bernard”- Escuché una voz femenina, -No se encuentra, pero puede dejar recado, habla su hermano- fue lo primero que se me ocurrió. –Los resultados de sus análisis están listos, puede pasar por ellos cuando desee-. -¿De qué análisis se tratará?- me pregunté. Pero eso no era importante así que finalmente decidí llamar a la policía al no encontrar persona alguna a la que le pudiera llamar.


Después de unos minutos llegó la policía, la puerta estaba abierta de tal manera que cuando entraron llevaban sus armas apuntando, en posición de disparar. Me encontraron sentado junto al cuerpo de Estelle, confirmaron su muerte y comenzó la indagatoria. Mientras la patrulla arrancaba veía desaparecer aquella casa lentamente. -Nunca más pasaré por ahí- me repetía a mí mismo. -Hasta siempre, Estelle-.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por sus comentarios