viernes, 13 de septiembre de 2013

Como maestro, puedo decir...

Como maestro puedo decir, 

que incluso a nivel universitario las carencias educativas son  enormes. No trabajamos en salones con aire acondicionado como en las grandes oficinas. No contamos con una secretaria que nos organice el día. No hacemos juntas de trabajo en restaurantes caros y elegantes. Dar las horas de clase representa sólo la mitad del trabajo que hacemos, el resto se lleva a casa y ese no se paga. Somos evaluados por los alumnos, por la Institución. Para subir posiciones hay que hacer investigación, crear recursos educativos, tomar cursos, hacer otro posgrado, actualizarse cada año, esperar las convocatorias y esperar salir seleccionado por un comité. Para ingresar debí realizar un examen de oposición, uno psicométrico, tener un curriculum que incluyese un posgrado, publicaciones en revistas indexdas, entre otros. El mobiliario en el que me desempeño consiste en una silla de madera en malas condiciones y una mesa, no hay sillones de piel ni escritorios de madera. La Institución reparte a inicio de curso tres marcadores y un borrador. La computadora que utilizo para proyectar las presentaciones es mía. No tengo acceso a prestaciones mayores pues aún no cuento con una base. Ni siquiera me imagino por lo que pasan los maestros de los estados más pobres del país, los maestros rurales, esos "huevones revoltosos" que sataniza la sociedad clasista, esnobista y decerebrada.

martes, 3 de septiembre de 2013

  Yancuic Tlahtolli
Texto de Joel Martínez Hernández, indígena de la Huasteca hidalguense
 (versión original en náhuatl)
En referencia a los conquistadores españoles y la situación del macehual
Palabras con tanta validez en nuestros tiempos. ¿Algún parecido con la realidad del México de hoy?


...
No es necesario pensar mucho
cuatrocientos años nos han enseñado
cuál es el deseo del coyote.
Al coyote se le antoja nuestra tierra,
se le antojan nuestros bosques,
nuestros ríos, nuestra fatiga,
se le antoja nuestro sudor.
El coyote quiere que vivamos
en los arrabales de las grandes ciudades,
que por allí vivamos desnudos,
muramos de hambre,
que por allí nos hagan objeto de sus engaños,
nos hagan objetos de sus juegos.
El coyote desea convertirnos en sus asalariados
peo esto desea que abandonemos
nestras tierras comunales,
nuestras ocupaciones de gente de pueblo,
nuestro propio idioma,
¿Qué es lo que haremos los macehuales,
gente del pueblo?
¿NOS ABANDONAREMOS SIN LUCHAR?
Es necesario que una o dos palabras
pongamos en nuestro corazón,
que internamente digamos,
que la luz llegue a nuestros ojos,
que vivamos en plena conciencia.
...

Referencia: Miguel León Portilla, Ángel María Garibay, Alberto Beltrán. Visión de los vencidos. Relaciones indígenas de la conquista. Biblioteca del estudiante universtario. 81. Cap. XVII. p.253.UNAM. 2009.

jueves, 11 de julio de 2013

La noche febril cuando te conocí.


Aquel día que se encendieron las alarmas,
se encendieron las lucecillas y volaron  mariposas.
Aquel día que tu voz rozó mi silencio estúpido
frente a tu vestido blanco que cumplió su cometido.

En aquel otoño febril, ansioso yo y nunca tú,
resolviste mis dudas sobre los mitos celestes
y ahí yo tan vacío, más quieto que las montañas.
sin nada que pudiera decir,
sintiéndome parco entre telarañas.

Ahora más que nunca creo en la locura de ese
que se llama "Dios" tan ajeno a los mortales,
tan comedido de sus astros de carne y hueso,
tan cruel y tan ajeno al amor de los que vamos paso a paso
de palmo a palmo en franco deceso.

No podré acercarme a tu cariño,
no podré oler tus besos, ni sentir la fuerza
que me fija a esta tierra.
¿Sabes que eres tan bonita
que tu boca la deseo y la espío?
Me muero entonces y no adivino
si me haces tan largo el camino,
el resumen de una larga espera
que puede ser un simple olvido.

¿Qué pudiera decir del tema del amor?
¿Qué diría yo de los sueños en ti y a tu lado?
Qué ganas de libar tus ansias, de anclar tu calma,
tu empeño, tu brisa que es sólo amor
y mi felicidad sería entonces saber que me amas.

 ¿Me amarías hasta el invierno lejano?
¿Hasta la tempestad de los mares?
¿O será mi edén estar desnudos y amarte
siempre en el mismo lugar que no conocerás?
El mismo de mis redes, de mi senda, de mi fuga,
del curso que boga fuera de tu locura.




miércoles, 12 de junio de 2013

Denisse a los veinte y trece años.

Capítulo 2


Mi madre, siempre tan fuerte, siempre tan resignada, aceptando lo que el mundo le da. Entre sus manos un kleenex desgarrado, húmedo, apretujado con ansías de quién sabe cuánto tiempo. Sumida en su misma posición, su mirada se desvió primero hacia el suelo, luego hacia el techo, seguido por un suspiro hondo y doloroso, que me dolió también. Sé que quería mostrarse fuerte ante mí, que quería demostrarme que estaríamos bien, aunque la verdad es que parecía que se derrumbaría de un momento a otro. Comencé a preocuparme por la salud de mi madre, de sus múltiples enfermedades cobijadas en su hipocondriaca forma de ser. El tiempo pareció detenerse, como si hubiesen pasado horas. De repente, volví a la escena, al momento, al presente, y volví a sentir una pena que comenzaba a alojarse en mi cuerpo lentamente.

-¿Pero cómo pasó? ¿Quién te avisó?- Nuevamente la mente se apodera del momento, cuestiona, indaga.

-Llamaron del hospital, al parecer no le lograron quitar su cartera...date prisa Denisse, tenemos que llegar hoy- sentenció mi madre. A partir de ese momento no recuerdo haberle ordenado a mi cuerpo movimiento alguno. Mi mente sólo reunió algunas escenas del viaje a Monterrey: el aeropuerto,tomar el asiento del avión y ver el despegue... y en un abrir y cerrar de ojos estabamos aterrizando. Mi madre estuvo callada la mayor parte del tiempo, mirando por momentos hacia la ventanilla y otras veces simplemente hacia el asiento de enfrente. En realidad sólo tenía la mirada puesta ahí, aunque yo sabía que su mente se encontraba en muchas partes, hurgando entre las conexiones de sus neuronas, recopilando fechas, acontecimientos y creo que también pensaba en el futuro, principalmente en el mío.

-Bienvenida, que tenga una feliz estancia-, fueron las equivocadas palabras de la sobrecargo. ¿Feliz estancia?

Abordamos un taxi que nos llevaría a la agencia funeraria en donde ya se encontraba el cuerpo de mi padre. De repente una sensación se apoderaba de mi cuerpo por primera vez en mi vida. Una presión en el corazón que se extendía por mi cuerpo y llegaba como humo a mi cabeza. Sin duda se trataba de tristeza, comenzaba a darme cuenta de que nunca volvería a ver vivo a mi padre. Ni siquiera recuerdaba las últimas palabras que me dijo, cúando fue la última vez que paseamos, la última vez que me dijo que era su princesa. Cuando los recuerdos vienen uno a uno, y se confrontan con la imposibilidad del futuro, se encienden por unos instantes aquellos momentos, como escenas proyectadas en la noche...y comienzan a apagarse, a desvanecerse. Uno se aferra a ellas, y trata de verlas, de abrir bien los ojos, trata de alcanzar esas escenas inalcanzables y etéreas. Los sentidos comienzan a extrañar. La mano pesada de mi padre sobre mi cabeza, llevándola de un lado a otro levemente, con la menor fuerza que podía imponer. Sus ojos pequeños pero expresivos con algunas arrugas merodeándolos. Aquella voz grave, lenta y firme, a veces tierna y a veces demasiado fuerte, pero capaz de encontrar las palabras adecuadas para hacerme sentir bien, para contruirme un camino en donde a veces yo sólo veía paredes.
El taxi se detuvo. Abrir la puerta del auto se conviertió en la acción más complicada que jamás pude haber hecho. A la distancia comencé a ver a las personas en traje de luto entrando a la funeraria. Sentí un ligero mareo y después creí que me iba a desmayar. No sé de dónde saqué fuerzas. Inmediatamente después supe que vinieron de la mano de mi madre. Un apretón fuerte de manos antes de salir del taxi. El conductor entendió la situación, pues debió sentir nuestra pena. Callado y paciente se mantuvo por algunos instantes, hasta que decidió bajar y abrirnos la puerta. -En un momento bajo su equipaje-.

Al llegar a la entrada de la sala funeraria, las miradas se posaron sobre mi madre y yo. Supe que la gente esperaba nuestra primera reacción al ver el féretro enfrente de nosotras. No recuerdo si alguien se nos acercó. De verdad no lo recuerdo. Me acerqué sin prisa al féretro. En mi memoria quedará por siempre la imagen del rostro extremadamente blanco de mi padre, de sus manos anchas sobre su pecho. Su traje negro y su corbata favorita. Desee que mi padre abriera de a poco sus ojos, que me volvieran a ver y yo verlos vivos, chispeantes y curiosos. Quería que el tiempo diese marcha atrás y que la ley de la muerte de todos nosotros se vulnerara tan sólo esta vez. Sentí mis lágrimas cayendo una tras otra.
-¡Papito, no te vaya, no me dejes!- le imploré. Tomé las solapas de su traje con ambas manos y le dije "Te amo papá".





miércoles, 15 de mayo de 2013

Maestro

Soy profesor,soy maestro,no tengo sindicato,no tengo base.Nunca he ido a marchas ni a plantones.Soy estudiante,soy becario...Estoy jodido.

El Día del Maestro en México se celebra suspendiendo las clases.Entre plantones y violencia se aprende la lección del día. El sindicalismo charro y el apapacho al maestro sumiso hacen poderosa a "La maestra" Elba Esther hoy en el bote. A otro le dicen "El teacher", da las noticias en Televisa en horario estelar.Este enseña lo que no debe hacerse,predica con el ejemplo las carencias de su oficio.De matemáticas ni hablemos, los votos ni se cuentan y los impuestos se condonan.¿Para qué enseñar ciencia si la pseudociencia funciona bien? Ésta acapara el dinero fácilmente y mantiene al público cautivo y esperanzado.
¿Para qué enseñar?¿Para qué aprender? No se necesita nada que se imparta en las aulas para llegar a ser presidente. Lo elemental...saber leer...en teleprompter.

Si las figuras públicas imanes de los reflectores,que llenan estadios y que reciben premios ¡no tuvieron que quemarse las pestañas! Mejor tener el cerebro como nuevo. Pensar es para los que quieren morirse de hambre. Pateando balones o cantando cosas como "dame más gasolina" se gana bien.

Las aulas de clases se llenan de alumnos desnutridos,inquietos y respondones. Tanto que hasta panzones son. Otros,prefieren aprender a usar el teléfono celular. Aprender cómo funciona no es divertido,pero sí los juegos que tiene. "La letra con sangre entra" escuché decir. A mi me entró sin sangre. En este país se derrama mucha sangre y se están olvidando las letras. Los libros de texto comienzan a desaparecer, desplazados por la tecnología o adelgazados cada vez más por los ínfimos contenidos.

Los vicios educativos siguen el sistema a la perfección y el título se otorga. Ya le tocará a alguien más corregir al muchacho. Luego el muchacho no se corrige y compra el título en Santo Domingo, o lo compra a mensualidades en una universidad patito que lo mismo le da si el estudiante aprende o no. Paradójicamente, el negocio de la educación privada es negocio gracias a que los chamacos no se educan.

La tecnología nos rebasa, las tareas hoy día son una formalidad arcaica que resuelve wikipedia. Bendito internet que sirve para hacer tareas con menos esfuerzo. Si no tienes internet ya te fregaste. Como si estuviéramos en el siglo pasado, el estudiante tendrpa que ir a la biblioteca, ese espacio evitado por cualquier chico con la pretención de ser "cool" y con el miedo de ser tildado de "matado".

Ser maestro es duro. Agradar y convencer al estudiante que debe educarse es un arte.Antes con un garrote y las orejas de burro bastaba.Hoy nos debemos evaluar continuamente, actualizarnos,preparar las clases, calificar, preparar presentaciones. Además hay que llegar frescos y de buen semblante al aula. Quién sabe, todo vale la pena cuando al menos un estudiante levanta la mano ante la pregunta del maestro.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Tu recuerdo

Asombrado, bajo la tenue luz taciturna
te cito y busco tu nombre como te nombro,
como me gustas, aunque ajena me seas.

Acostumbro, ahora más que nunca
el macabro esbozo de una sonrisa
falsa, perversa y llena de mentira.

Ufano, mis pasos tratan de seguirte
en vano,
tus alas lindas baten
mis ojos miopes, lentos y torpes.

Fuimos como somos:
impropios, tontos y sordos,
amantes también,
¿me amaste?... te pregunto...

Sentimos la carne, husmeé tus huecos.
Volví al cándido aroma de tus besos,
zurcí recuerdos y en tus brazos
sentí congelados los tiempos.

Amor revuelto en camas, en instantes
breves como tus trazos,
como tus momentos
como lo que sentimos.

Mi mente torcida te busca en patrones inauditos,
en recovecos oscuros,
en el rebumbio de mis entrañas.

Hurgo entre tus vestigios impropios, profanos
y rebosantes de lujuria,
entre los trazos efímeros del calor
que crecimos, que no bautizamos.

Ojalá llegara el final de los días
y con ellos la agonía de mi sin ti.
Ojalá te fugaces como acostumbras,
como el espejo que me traga,
como la bruma
como los días.

Ojalá fueras viento, pero no como el que respiro,
tal vez como un ave pero no las que sigo,
ojalá me dolieras
pero sin testigos.


viernes, 19 de abril de 2013

Soy

Me gustan los bordes de la locura
lacerantes, erráticos y heréticos.
Aborrezco la calma sin sentido,
las risas insonoras, los golpes indoloros.

Me place lo inverosímil, lo que a veces detesto,

prefiero la guarida de las voces
incesantes, melancólicas y solemnes.

Encuentro a menudo la calma
en tus ojos quietos y en tu vientre,
donde el tiempo se pervierte 
donde el aire se detiene.

Disfruto de los instantes donde te perfecciono,
no tolero donde eres tan real, tan viva,
irónicamente, te siento donde estoy más muerto.

Soy entonces un desconocido, soy ajeno.

Te veo como me gusta, me gusta ver lo que quiero.
Vivo en la cicatriz de una costra suave.
Soy quien atiza mi propia hoguera,
quien inhala los polvos más perversos...

hoy aprendí a convivir con las brazas del fuego.

viernes, 18 de enero de 2013

Tardes de toros

Carlos A. Cuéllar

I

Tarde de toros
 

Cuatro de la tarde en punto. La gente se apresura a ocupar sus asientos en la plaza de toros "La flor". Es un domingo caluroso de marzo, con un ligero viento que apenas si refrescaba a los agitados asistentes, expectantes por el cartel que se presentaría en unos minutos más. En la gradería de “sol" van tomando sus asientos un pequeño grupo de sombrerudos y una que otra mujer con vestido y tacón alto. Se trata de los más fervientes seguidores, y por lo tanto, la porra del primero de los alternantes, el joven novillero José María "Chema" Salvatierra, quien acabara de triunfar en la fiesta de San Miguel de las Flores hace algunas semanas. Debido a que "Chema" es originario de San Luis Bellavista, pueblo tradicionalmente enemistado con los anfitriones, la gente local ha decidido volcarse a apoyar al segundo espada de la tarde, el también joven, Pablo Díaz Romero "El gallito". La mayoría de los pobladores de San Francisco Buenaventura son gente de campo, y por añadidura son de toros. Desde los más ancianos quienes siguen asistiendo sin falta a las corridas de toros de las fiestas patronales, en honor a San Francisco de Asís, desde luego, hasta los pequeños que saliendo de la plaza juegan a ser toreros. Hasta imitan la suerte principal de la matanza del burel. En la plaza de “La flor” se dan cita los personajes distinguidos de San Francisco Buenaventura. No puede faltar el presidente municipal y uno que otro de sus colaboradores más cercanos, quienes se sientan en primera fila y hasta fuman puro y beben brandy y tequila -discretamente- para que la gente más aventada del pueblo no les grite uno que otro improperio.

-¡Si trabajaras como bebieras cabrón Obdulio!- le gritaron una vez desde lo alto de la plaza al presidente municipal, quien se sonrojaba de inmediato y bajaba el vaso con la bebida de tal manera que no estuviera a la vista del respetable. No faltaban en la plaza las muchachas más bellas del pueblo. Las adineradas, hijas de hacendados y de uno que otro comerciante, ocupaban las primeras filas. A veces acompañadas por los pretendientes o novios, y otras aún escoltadas por el padre y por los hermanos. En el resto de las gradas se encuentran los comunes y corrientes: los peones de las haciendas, los campesinos y los empleados de los trabajadores. Por supuesto que este grupo tan selecto se deleitaba más que nadie en cada tarde de toros. Ya sea lanzando una frase a alguno de los pobres personajes del pueblo o alguno de los toreros y sus cuadrillas. De entre los que se llevaban la peor parte estaban los picadores, los ganaderos y los monosabios, el juez de plaza y por supuesto, los matadores. Los músicos de la plaza tampoco se salvaban de los improperios de los borrachines, pero ya más acostumbrados a la jerga taurina, se limitaban a cumplir con las demandas de los asistentes:

-¡Músicos trompas de hule!-. La gente reía a carcajadas y se divertía más allá del espectáculo que presenciaban en el redondel: en suerte la vida de un hombre, quien arriesgaba en aras del arte, su vida. El enemigo, un precioso animal que con su sola presencia emanaba bravura, casta y fortaleza. Los pitones de incluso el más flaco de los bureles parecen una poderosa arma amenazadora para el envalentonado torero.

Apenas se cumplen cinco minutos después de la hora pactada y ya comienzan a sonar los acordes de la banda de música que acompañan a los toreros y a sus respectivas cuadrillas. Los asistentes aplauden con ánimos a quienes parten plaza haciendo gala de su gallardía y porte. Incluso los regordetes picadores imponen valor cuando van montados a caballo y portando sus puyas.

“El chema” y “El gallito” saludan al respetable. Por un instante sus miradas se cruzan y se miran fijamente. Hay un poco de reto en ella, un poco de respeto también, aunque lo que predomina es la rivalidad que se extendía más allá de la fiesta brava. Amigos en la infancia, los conflictos entre sus pueblos habían terminado por separarlos. Problemas de tierras  y la distribución del agua del río que divide a las dos comunidades la causa principal.

Aquella rivalidad entre los pobladores tomaba presencia con el “mano a mano” de esa tarde. Tanto Pablo como José María sentían que debían jugarse el todo por el todo. Sabían que esta tarde deberían contar con la suerte de su lado, pero también sabían que debían echar el pecho por delante y jugarse la vida ante los astados. Sin embargo, había un ingrediente extra para Pablo. Aquella tarde de domingo, más que ninguna otra, “el gallito” esperaba demostrar todo su valor y arte a una joven que había visto en las últimas semanas, algunas veces en las corridas de toros o en las calles cercanas a la parroquia. Había averiguado por uno de los mozos de la plaza que aquella hermosa muchacha se llamaba Ana. Hija de Don Julián Almanza, un comerciante que había llegado hacía poco más de un año a San Francisco Buenaventura. Su especialidad la siembra del agave, y por lo tanto su negocio tenía cabida en una región tequilera como a la que había llegado. Ana, su tercera hija, lo acompañaba a las corridas de toros. Su belleza llamaba la atención de los pobladores de San Francisco quienes se abstenían de lanzarle piropos porque Don Julián tenía mal carácter y se sabía de su carácter explosivo. Además, el porte de aquel hombre impactaba a cualquiera. Bajo la sombra de su sombrero, apenas se dejaban ver sus pequeños ojos azules. El ceño permanentemente fruncido, la barba “de candado”, ligeramente más largos los bigotes negros y la corpulencia de Don Julián lucían tan amenazantes como alguno de los bureles. Ana por el contrario, tenía siempre un gesto de paz y ternura que conmovía a cualquiera. Tenía el cabello largo hasta media espalda, ligeramente quebrado, lucía como un reflejo perfecto de la luz del sol en el color castaño claro de su melena. Unos finísimos labios apenas coloreados por el rojo carmín, armonizaban con su nariz pequeña y recta. Cuando sonreía, unos orificios se dibujaban en sus mejillas ligeramente rosadas. Su piel parecía como una seda fina, blanca y tersa. Su mirada oculta por unos lentes de sol mantenía la expectativa  sobre su mirada. Pablo se preguntaba a menudo por el color de los ojos de Ana. De cualquier manera, el joven novillero se había enamorado irremediablemente de la recién llegada al pueblo. A pesar de la evidente valentía de Pablo, se sentía más nervioso con la idea de hablar con la chica, que con el duelo frente a los astados. Eso le parecía un buen síntoma. Nunca se había sentido tan atraído a ninguna de las muchachas de la región, y vaya que había tenido oportunidad de salir con varias de ellas. Sin embargo, nunca sintió cómo se le aceleraba el corazón como cuando veía a Ana. Las piernas parecían no obedecerle y el estómago parecía hacerle la gracia de querer darse la vuelta ante la presencia de la hermosa mujer. Pablo, quien desde niño había mostrado cualidades para gustarle a las damas, se sentía intimidado, por primera vez. Sus ojos verdes y profundos se clavaban en el rostro de Ana. Una vez la vio venir en la acera, acompañada del brazo de su padre, y Pablo inmediatamente volteó al aparador de una panadería para ver el reflejo de su cabello oscuro. Pretendía que luciera como a él le gustaba llevarlo, peinado de raya al lado y dirigido cautelosamente hacia su cabeza. Algunos quiebres en sus cabellos más largos le daban un aire bohemio y tierno a la vez. Su piel morena clara, apenas se veía maltratada por una cicatriz cercana a la ceja izquierda, producto de un desencuentro con “tequilero”, un novillo que le había hecho trizas una tarde de agosto. Sería por eso que desde esa tarde, Pablo acostumbraba a llevar una boina negra ladeada a aquel costado herido. Sin embargo aquella tarde en la que se encontró con Ana, no portaba su boina, por lo que sentía cierta inseguridad. A pesar de eso, Pablo se mostró gallardo y decidió pasar junto a la pareja del Padre y la hija. Menuda decepción sintió al darse cuenta de que la muchacha no lo volteó a ver. Ni siquiera sintió el reojo de Ana, ni una ligera intención que le hiciera saber que había llamado la atención de la chica. Frustración que si bien había desanimado a Pablo, no se daría por vencido tan fácilmente.




 
 
 

jueves, 10 de enero de 2013

Mientras dure

Estimados amigos, les comparto la letra y el video de este poema que viene bien es estos días.

  Mientras dure

No me importa mostrarme débil mientras escribo,
Si aún no soy fuerte, ni nunca lo he sido,
No se amar como aquí juegan,
Yo amo con los codos, con el sueño, con la voz,
No tengo objeción en no ser correspondido.

No me importa cuanto vivan mis amores,
Yo amo mientras dura, mientras puedo,
Mientras se vacía el vaso y emprendo mi camino.

Yo no entiendo como aman los humanos,
Por eso estoy aquí contigo, por tu duda,
Por todo lo q no sabes ni averiguas,
Por todo lo q das sin saber siquiera q tuviste.

Amo tus alas, tus vuelos, tus caderas
Donde termina mi noche, mi nostalgia,
No me importa q no entiendas q te amo,
Q dudes y llores, y preguntes y reclames,
Yo te amo.

Mientras dure

Edel Juárez.

http://youtu.be/Z0FoQdyN6WY