miércoles, 28 de septiembre de 2011

Que haya ruido, por Luciérnaga errante

Ruido,


haz mucho ruido,


tira las cosas,


sube el volumen,


piensa en voz alta,


enciende algo,


ahoga esa voz que aúlla dentro,


sofoca el grito que habla de él.






De una promesa,


ya para siempre,


y de un regalo: mi corazón.


De un palpitar de carne y hueso,


que con puñal fuiste a clavar


¡Por favor, hazme olvidar!






¡Pronto! ¡Vamos afuera!


veamos gente,


toquemos cosas,


miremos los autos al pasar.


Que aquí en la calle


nadie descansa


no hay silencio y aquel que para


para pensar,


corre peligro de quedarse atrás.






Como algo viejo,


algo anticuado,


algo como yo,


que debe desaparecer, estallar o ser enterrado,


algo que vive ya cansado


de, con su imagen, luchar.






ó






¡Mejor, ya sé, que llueva fuerte! ¡Estrepitoso!


que truene el golpe de las gotas en el techo de metal,


Y que me vuelva


ese sonido,


escandaloso y sin sentido,


y nunca más le vuelva a mirar.


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