martes, 30 de marzo de 2010

Historias. Vol. 2

Vientos del norte. Boca del Río, Veracruz. Carlos A. Cuellar.

La vida es a veces dejarse llevar por el viento, sentir el leve roce de una brisa fresca o afrontar una ventisca, un torbellino sin miedo. Un buen día, el viento me trajo de regreso a tierra firme, a aquel puerto y sus costas. Como abrazado entre sus brazos, podía escuchar en mi oido el susurro de la brisa que me aconsejaba llegar hasta aquel lugar. Ese mismo viento -creo-,  te llevó al mismo lugar, al mismo puerto, al mismo son. De inmediato te reconocí caminando por la bahía, y de inmediato arrojé mi ancla, y como un ancla mis brazos desearon posar en el fondo de tus brazos. Y así, como el faro que anuncia el fin de la travesía, la luz de tus ojos anunciaba el fin del viaje para mi galeón...galeón de carne, sangre y venas que ansiaba terminar con su naufragio. Y una vez en la tierra firme de tus pasos, voltee la mirada hacia la mar y decidí quemar las naves. Decidí caminar a tu lado por la playa, decidí correr en las mañanas persiguiendo los amaneceres y quise contar las estrellas a través de tu mirada, sentados en una banca del malecón. Este mismo viento frío como entre nosotros a veces, se va calentando poco a poco como cuando me acerco y pareces hacerte perpetua, entonces, mis palabras se inflaman alentadas por tus labios rosas y dejo de ser aquel pirata ladrón de historias. Pienso entonces en enderezar el rumbo, esperando que seas tu mi brújula, pido entonces no te alejes cuando ya he guardado las velas. Sé bien por otra parte que no anuncié mi llegada, que tal vez era otro al que esperabas, pero seguro estoy que el mar no se equivoca, que tampoco el viento que me trajo. No te preocupes por las mareas futuras, ni por aquellas falsas musas, a ti te entrego mis manos, y aquí me tendrás buscándote por la orilla de nuestro mar. Déjame explorar tus playas, déjame sentir el agua tibia de tu boca y tocar tu calma. No borraré el recuerdo de esa madrugada en la que te expuse mi alma, en la que el anís y el ron me arrancaron las palabras, como lo son mis letras que ahora hacen de amarras. No te molestes por mi pasado de aventuras en otros puertos, por mis falsos mapas que seguí hasta falsos muelles de donde escapé de otras tantas prisiones. Ahora todo será como nuevo, alimentando a las gaviotas, contemplando estas olas, escuchando caracolas, colgando de tu pelo una estrella de mar como prendedor. Miremos juntos desde la orilla la inmensidad del mar, no neguemos lo que puede ser, no me digas que todo es cuestión de olvidar. Es esto el inicio de nuestra historia, pero tienes que saber que ahora me siento triste, porque solo te tengo en la memoria, pero aún así seguiré apostar por  la calma de tu costa.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Historias. Vol. I

Fuente. Tlaxcala, Tlax. Carlos A. Cuellar

Sentado en la misma banca del parque, a veces en los días soleados junto a la fuente chisporroteante con su interminable sonido de gotas de agua. Allí estaba el, esperando a aquella mujer perfecta para cantarle sus canciones, para contarle del mundo y de sus sueños, para decirle todo lo que su corazón tenía ahorrado, palabras ahogadas, suspiros callados esperando a una sola mujer a la que sabía era la indicada. Después de algunos desencuentros, Alex creía desde el fondo de sus corazón que alguna mujer pasaría por aquel parque lleno de flores de colores, de portentosos árboles, caminando serena, iluminando todo a su alrededor. Muchas tardes estuvo ahí - soleadas y frías, tristes y alegres-, esperando, soportando la espera de quien en sus sueños alguna vez se le apareció. No le dijo nada aquella vez, sólo la soñó un instante, como una premonición, y ese sueño más que una quimera, se podría alguna vez volver realidad. Sólo sabía que llegaría, en cualquier bus, caminando por la calle, sentada en aquel café que adornaba sus mesas con una rosa roja en el centro. A veces aparecían mujeres como fantasmas, pero ninguna fue la realidad de aquella mujer que Alex esperaba. La espera a veces era insoportable, eterna, lenta, y parecía quemar un poco por dentro. A veces la guitarra de Alex se negaba a tocar para aquella mujer que parecía más un fantasma, pero el amor de Alex por aquella mujer que debía venir convencía lentamente a las cuerdas, y las notas viajaban por el aire llevando el mensaje de que en algún lugar en este tiempo alguien la estaba esperando, para amarla, para hacer juntos que el mundo girara al revés si quisieran, para cambiar al mundo juntos y borrar todo lo malo.
-De alguna manera debemos pensar en pensarnos-, pensaba Alex. -En algún tranvía de esta vida viajamos, en alguna estación debemos encontrarnos- se decía asi mismo.  Un día llegó una mujer que parecía ser la de Alex, sin embargo; su risa se fue desvanecienso al darse cuenta de la falsa dirección de aquella mujer. -Habrán pruebas de estas, en dónde la impaciencia no debe caber, en dónde la espera valdrá la pena-. El tiempo pasaba y Alex comenzaba a perder la ilusión, como en aquel día lluvioso que se confundía con las frágiles lágrimas de tristeza. Pero como los astros que siguen su curso y en algún momento se alinean por algun motivo, por la naturaleza del universo que pone las cosas en su lugar tarde o temprano. La clave es no ver la coincidencia del momento, sino entender que ese es el momento preciso, que el mismo universo creo ese instante segundo a segundo para que aquellos dos se encontraran en un parque, en aquella fuente. Al menos es el pensamiento más romantico, pero es algo más allá incluso. Es la certeza misma de que existe el destino, es adentrarse en un mundo desconocido aparentemente, pero que en el fondo se sabe que es la calma, el estado perfecto, lo más cercano a nunca morir, a siempre amar. Allí apareció ella, perfecta de pies a cabeza, con las ideas revueltas pero en la mano su corazón. Con aquella sonrisa desarmó en un instante la voz de Alex, el impávido no supo que hacer por un momento, en aquel momento que el corazón se le detuvo por la sorpresa. De un salto se dirigió a ella, un nudo en su garganta se convirtió en tantas palabras que de todas no se sabían las mejores para ella. El la imaginó a ella por las noches, desnuda, en el día temprano amaneciendo juntos, creciendo juntos, enfrentando el mundo. En aquella distancia de infinitos segundos comenzaba a entregar como las olas a la orilla, como las manos al viento. De repente Alex se sintió en camino a la luna y la luna parecía tan lejana.... Aquella mujer convertida en luna llena parecía tan  distante, y como en el día paracía desaparecer ante la incredulidad de Alex. El corazón caía en cenizas lentamente, lentamente de aquellas brasas que eran alimentadas por aquella mujer que hoy se estaba alejando. De momento Alex se quedó solo en aquel parque, rodeado por la soledad, con sus letras y la música de su guitarra, convertidos en el vacío. Y caminando hacia la nada, Alex esperaba que el universo volviera a conspirar para encontrar a aquella mujer, por la que siempre estaría viendo hacia el cielo, por aquella que un día apareció y en un breve instante le mostró el porqué de esperarla por tanto tiempo.

lunes, 15 de marzo de 2010

Intitulado


Parecido a la luz de un sueño. Carlos A. Cuellar. Xicotepec de Juárez; Puebla, Méx.


Pude haber perdido muchas cosas, puedo carecer de otras,
mas este mundo que te aloja, que te ha creado, es ganarte un poco
es imaginarnos juntos rompiendo las reglas, venciendo mareas
juntos cada instante, volviendome cuerdo contigo, pareciendo más loco.

Imaginarte, pensarte, es sentirte en tu ausencia, en este vacío de ti,
donde las ganas se queman, donde tu recuerdo las apaga y me consuela
en donde tu sonrisa es un sortilegio y toda la magia que nunca sentí,
vive fuera de este sueño, deja más que tu luz y tu abrigo, algo que no duela.

Qué fácil es vivir a través de tus ojos, entrar en el abrazo más eterno
qué difícil es amanecer sin ti, dejarte atrapada en sueños, culparte de mi desvelo
sentir que me parte cada suspiro, ahogándome en el tiempo sereno
y como cualquier día en el que no estás, que no es, que parece hecho de hielo.

Sonidos de campanas, ecos de tu voz, estrellas en tu pelo y la fantasía de tu cuerpo
así es esta caja de sueños que te guarda con llave, con celo, con mi pulso.
Eres de verdad, de carne y hueso, de lo más bello que se ha sembrado en el campo,
eres mejor así, con tus colores, antes de mi, con todo y todos, conmigo incluso...