Sistema de Transporte Colectivo Metro. 9 estaciones.
De repente te encuentras con la mirada de una persona, su aliento a unos 30 cm, y sobreviene la incomodidad. Lo peor, no podrás hacer nada por le menos hasta la estación más cercana en la que tal vez la masa circule de algún modo y las personajes se reacomoden. Estar tan cerca de muchos desconocidos a la vez es una sensación incómoda. El miedo a lo desconocido nos puede mantener nerviosos, cautelosos y al pendiente de los movimientos de las personas a nuestro alrededor, por muy buena pinta que tengan.
Me encuentro frente a un tipo con pinta de oficinista, de los que ahora llaman "godinez". Pasan de las 9 pm y sin embargo, el vagón está a su máxima capacidad. Parece que la presión que se ejerce sobre las paredes del tren acabará por reventarlo, como cuando llenas un globo con agua hasta que explota. Observo por unos segundos al tipo frente a mi, el tiempo necesario para que no note mi mirada y regrese ese tan incómodo cruce de miradas. Su rostro se ve cansado, los ojos rojos y el pelo apelmazado por un exceso de gel para el cabello le ha dejado rastros de partículas blancas en su negra cabellera. Pide permiso para bajar en la siguiente estación, justo cuando recién avanza el metro. Esta labor de anticipación es vital para evitar ser digerido nuevamente por la masa voraz que se arremolina en la siguiente estación. Una frenada intempestiva y el hormiguero se sacude. La gente entra y sale, ocupando los mínimos espacios disponibles. Una batalla encarnada por el derecho al respeto a la ley de la impenetrabilidad de los cuerpos, un reto a la física y a la dignidad humana. ¿Han visto los trailers que transportan ganado porcino o aves? Créanme, no hay mucha diferencia. Un olor fétido, cliente y húmedo se percibe, es un sauna. Otro tipo que viene pegado como calcomanía a una de las puertas lleva chamarra. A pesar de las gotas de sudor resbalando por su ancho cuello, le es imposible realizar alguna maniobra para librarse de su infierno. La cosa se complica: un vendedor intenta pasar entre la multitud, abriéndose paso con su voz quebrada, pastosa pero aún potente que resulta recalcitrante a mis oídos. La oferta parece inigualable, un ofertón a pesar de lo sospechoso que pueda parecer su producto. Uno que otro cae en el gancho publicitario que pregonaba ser una venta al "3x1". Uno de los compradores sonríe al recibir su producto, con la cara entera de satisfacción al creer que ha hecho una excelente compra. De pronto siento un disparo de aire en mi nuca. Una dama de mediana edad agita su mano tan bruscamente que produce una brisa oxigenadora, aún con el riesgo de propinarme un "sape" en mi cabeza. Sus gestos parecen de una aflicción tal que parece que en cualquier momento se va a desmayar. Mas resiste estoicamente hasta que llega el momento de bajar. Empuja a todas las personas, pues va contra corriente y muy probablemente se le ha hecho tarde para llegar al trabajo. Mi recorrido sigue, aún me faltan cinco estaciones y me parece que he visto a tanta gente que me parece sorprendente el hecho de cada cada individuo posee una vida, historias, sentimientos y que quizá nunca vuelva a ver a estas personas, y en el caso más sorprendente, quizá me reencuentre con aquella señorita que llama mi atención pues tiene un don especial: se maquilla pasando instrumentos cercanos a sus ojos: cucharas, pequeñas pinzas y brochitas con máscara para alargar las pestañas. Un pulso tan ajustado, tan predictivo que se detiene en cuanto el metro desacelera bruscamente. La línea sobre los ojos queda perfecta y la chica se baja en la estación. Ha logrado, una vez más, terminarse de maquillar justo en la antesala de su destino. Sus ojos vivaces y sus movimientos precisos le abren el paso, principalmente entre los usuarios masculinos. Casi llego a mi destino, lo sé porque la gente se arremolina sobre la puerta. Es una estación de trasferencia, la última antes de mi estación. Un letrero sobre las puertas enaltecen la "pasión" católica a través de una imagen de Javier "El chicharito" Hernández. No puedo evitar pensar que una imagen de Jesús o de la Virgen de Guadalupe fue sustituida por la de un futbolista. Esbozo una sonrisa y una jovencita me mira de reojo. Tal vez ella también es de esas personas que intenta captar los momentos tan peculiares en el metro del DF. Si es así, me gustaría saber qué pensó de mí.