Como maestro puedo decir,
que incluso a nivel universitario las carencias educativas son enormes. No trabajamos en salones con aire acondicionado como en las grandes oficinas. No contamos con una secretaria que nos organice el día. No hacemos juntas de trabajo en restaurantes caros y elegantes. Dar las horas de clase representa sólo la mitad del trabajo que hacemos, el resto se lleva a casa y ese no se paga. Somos evaluados por los alumnos, por la Institución. Para subir posiciones hay que hacer investigación, crear recursos educativos, tomar cursos, hacer otro posgrado, actualizarse cada año, esperar las convocatorias y esperar salir seleccionado por un comité. Para ingresar debí realizar un examen de oposición, uno psicométrico, tener un curriculum que incluyese un posgrado, publicaciones en revistas indexdas, entre otros. El mobiliario en el que me desempeño consiste en una silla de madera en malas condiciones y una mesa, no hay sillones de piel ni escritorios de madera. La Institución reparte a inicio de curso tres marcadores y un borrador. La computadora que utilizo para proyectar las presentaciones es mía. No tengo acceso a prestaciones mayores pues aún no cuento con una base. Ni siquiera me imagino por lo que pasan los maestros de los estados más pobres del país, los maestros rurales, esos "huevones revoltosos" que sataniza la sociedad clasista, esnobista y decerebrada.