Cómo me llueves en los ojos, tu tirana de aquel día, de la cálida noche,
cómo me dejaste el sueño carcomido por tu perfume y tus colores
después te busqué por aquellos rincones donde mejor me supiste
y por más que lo noto, que no salgo de este lío de ti y de tus piernas
sigo dejando besos a la foto que me dejaste,
como tu venganza, como maldición, como bendito el color de tu cabello.
Eso si, cuando te vuelva a ver juro no decirte lo que he estado pensando,
juro no decirte que sabes a mi taza de café, a la recopilación de todos los besos del mundo.
No, cuando te vea voy a dejarte mis llaves, para que seas mi intrusa de nuevo,
el imán de mis huellas, el grillo de mis sueños.
No diré muchas cosas, no porque no sepa ni tenga qué decirte,
sino porque me escociste los labios, los sellaste con la savia de tus besos
como la dulce picadura de la abeja a la que se le quita la miel.
Oye tu mujer,¡que te dejé un mensaje en el teléfono y otro con el viento!
si te despeinas será mi venganza, si se te levanta la falda será por mi gusto.
Como te siento, te odio, te quiero y te veo en mi cielo, mi cielo,
por eso te sembré una rosa en cada calle, ojalá te gusten, ojalá te espinen,
ojalá sea yo el que las deje en tu puerta...si me das tu dirección.
Si regresas mi flaca, me traes un litro de tinta y dos más de tu perfume,
otra foto con un mechón de tu cabello y una explicación de tu partida.
Si tu me encuentra mi flaca, verás que apenas puedo vivir,
que pronunciarte es lo mismo que morir un poco, que odiarte a veces.
Pero si jamás nos volveremos a encontrar en esta triste vida, mujer del otro día,
no seas más mi mujer, la mujer de mi vida.
Textos libres, sin ataduras ni reglas. Sin prejuicios ni otro fin que el explorar las letras que busco y encuentro en mis pensamientos y sentimientos.
sábado, 17 de octubre de 2009
Conflicto a media noche
pero tengo la necesidad de escombrar en el cuarto donde me habitas,
de poner en orden el baúl, de tacharte de mi lista de antiguos conflictos
no más acosos en el espejo, no más esas tristes y solas lunas marchitas.
Disculpa el revoltijo de mis ideas, perdona la rabia que conociste
pero cambie lo que no te gustó, y ahora no estás para verlo
y yo estoy en dónde no quiero, sintiendo lo raro que es no verte
acompañado sólo de otro baúl de sueños tontos, y yo sin saberlo.
martes, 13 de octubre de 2009
Reflexiones
a veces lloramos, a veces reímos, a veces sufrimos...pero, después de pasado el tiempo ¿entendemos porqué?
Adquirimos experiencia, aprendemos algunas cosas, valoramos lo que vivimos, ¿cuántas cosas estaremos dispuestos a volver a vivir?
A final de cuentas ¿qué es la experiencia? pues tal vez lágrimas, decepciones, alegrías, enojo, tristeza, amor,
emociones y sentimientos.
Te has dado cuenta de que sabes caminar, pero ¿sabes a dónde vas?
Nacemos y ya lloramos, pero no sufrimos, después volvemos a llorar, pero ahora si sufrimos,
¿quién nos enseñó a sufrir? y ¿quién nos enseñó a amar?
Si fue así no lo recuerdo, pero he de decir que ya tendría un doctorado en eso.
Crecemos, y cuando lo hacemos nos transformamos, a cada segundo, de tal manera que ya no somos lo que éramos hace un momento, antes de empezar esto, antes de leerme.
En el proceso de transformación dudamos, desconfiamos, somos egosístas. No somos como la oruga y la mariposa. No sabemos esperar el momento adecuado para volar; sin embargo, !cuántas veces tuve una sensación semejante a volar, a la libertad!
Hubieron días de emociones encontradas, de pensamientos profundos, pero muchos momentos más ligeros y vacíos, ¿cómo se aprecia más la vida?
Lo que tengo y valoro no es tangible, eso si. Me quedo con las canciones, las letras de poemas y libros, me quedo con el amor que dio significado a esas notas y a esas letras. Me quedo con los logros y lo que aprendí de mis errores y fracasos, me quedo con los momentos con mi familia de sangre y mi familia de la vida.
Con lo que me quedo es con todo lo que recuerdo, es mi vida, y con eso seguiré, aunque no sé a dónde, pero siempre servirá para hacer más reflexiones.
viernes, 2 de octubre de 2009
Las mujeres de la calle
Cuando niño pasaba por una calle que más que llamarme la atención, me intrigaba, me hacía sentír un mar de dudas sobre lo que observaba. No entendía porque había tantas mujeres -pintarrajeadas- pensaba, pero también oi que les decían de muchas maneras: pirujas, mujerzuelas, mariposas, y aquella palabra que me parecía tan impronunciable en mi inicente infancia: putas. Claro que cuando preguntaba por aquella calle a mis padres, o algún adulto, inmediantamente notaba el rubor en sus rostros, en algunos palidez y en otros mas una sonrisa nerviosa, pero el común denominador era que todos evitaban el tema. Por lo tanto, como nunca tuve una respuesta, decidí conjeturar varias hipótesis, algunas ayudado por mis amigos de aquella edad. Manuel decía que eran como madres que los señores se las llevaban para estar en sus casas y suplir a las esposas que no eran buenas o que se habían puesto gordas, o que les pegaban a los hijos. Zaid decía que eran mujeres que estaban con los papás que eran maricas , y que estas mujeres los curaban de tanta mariconeria. En fin, nunca quedaba satisfecho, por lo que cada vez más me sentía intrigado por aquellas mujeres de la calle.
Al final de cuentas llegaría la adoloescencia, y con ella muchas de las respuestas que de niño tenía. En una ocasión me había dado cuenta de que en aquella calle estaba una mujer muy joven, diría que sólo me llevaba algunos años. Con el cabello pintado de rubio, exceso de maquillaje y zapatillas altísimas, estaba ahí, parada, recargada en la pared a veces calurosa, a veces fría, a veces húmeda. Yo inventaba cualquier pretexto para pasar por ahí y verla, aunque rara vez tenía éxito y la veía, terminaba enfureciéndome cuando la veía irse con algún tipo. A veces, podía saber que ella andaba por ahí con sólo oler su perfume, su esencia de mujer que bañaba la calle, su olor a cama caliente y a perfume corriente en ella olían como el más fino de los perfumes. Un día me acerqué a ella, me tomó de la mano y me llevó a un cuarto cercano. Lo que pasó ahí fue más de lo que soñé algún día.Tomé más que su sexo, sentí más que su piel, viví más allá que mis incesantes latidos y jadeos. Nunca fue más una mujer de la calle, sería en adelante mi mujer, aunque nunca la volví a ver, aunque nunca supe su nombre.
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