martes, 24 de agosto de 2010

Ricardo Miledi Neuroscience Training Program


Por esta vez quisiera compartir con ustedes mi experiencia en este curso del que formo parte. Chicos de países sudamericanos y México (15 en total) somos parte de la experiencia del Ricardo Miledi Neuroscience Training Program, en donde más allá del  desarrollo de habilidades en diferentes técnicas que emplean las Neurociencias, hemos podido compartir grandes momentos, grandes experiencias. De inmediato los chicos nos reconocimos como latinoamericanos y hemos sido parte de esta gran experiencia. Un poco más de una semana ha pasado, pero han sido tantos los momentos gratos que de verdad se agradece tener una oportunidad como esta. Por ahora debo ir a dormir porque me encuentro agotado. No sólo nos estamos formando como jóvenes investigadores, también hemos participado de salidas, pláticas, convivencias, en fin...muchas experiencias...y lo que falta.

viernes, 6 de agosto de 2010

Pequeño cuento provinciano

Tlaxcala 2010. Carlos A. Cuellar
Entrando por la puerta de la catedral como cada domingo estaba ella, María Soledad. Altiva, hermosa, de ojos grandes castaños. De una mirada podía mandar a los hombres que la asediaban al paraíso mismo, o a las meritas puertas del desconsuelo. Ninguno la había podido conquistar, ni siquiera los dueños de grandes tierras o los charros más habilidosos en el caballo y la guitarra. Ni el dinero ni la galantería; es más ni juntos se le hacían agradables a María Soledad. Más de uno habían pensado en jalar del gatillo de sus armas, ya sea por la desventura de no tener a María Soledad, ya sea por hacer a un lado del camino a otro pretendiente. María Soledad ya estaba en edad de casarse, pues además de sus bien logrados 30 años, era hábil y talentosa en el hogar. Además, había sido instruida en el arte de la música, pues tocaba el piano, y muchacha de mundo pues en mñas de una ocasión había dejado su pueblo para conocer otros lugares. Sin embargo, María Soledad siempre regresaba a su pueblo. Ahí se sentía la reina del mundo, con poder sobre todos los hombres del pueblo, y la envidia de las mujeres que en más de una ocasión la habían insultado, y la verdad, por envidiosas. Ahí estuve en más de una ocasión pa´defenderla, pero esa María Soledad nunca me agradeció,  es más yo salía perjudicado pues María Soledad me decía que no necesitaba a un hombre pa´defenderse. Ella es mucha mujer pa´cualquiera de nosotros, dice que ningún hombre del pueblo se la merece. Pues yo pienso que tampoco puede andar con todos, pa´ ver si entre todos podemos complacerla.
Yo creo que María Soledad no se ha dado cuenta de que no se trata del amor de un hombre, pues entonces somos todos de amor pequeño como ella lo ve. Mejor sería comprobar si ella tiene más amor que cualquiera, pues  gran mujer y señora un gran corazón debe entregar a cualquiera. Más valor sería dar ese amor de gran dama a cualquier hombre que se precie de quererla mucho, aunque sea de poco valor, como yo.

Caminos inciertos

 Detalle fuente. Tlaxcala 2010. Carlos A Cuellar


Un día di la espalda al destino, a la luz cálida de tu mirada,
como era de esperarse la vida se dio cuenta
 y  me mandó la tristeza de no verte más sobre mi almohada
además de ahogarme lentamente la garganta.


Tratando de disipar mis temores se me vinieron encima
nubarrones que rodearon mi cama y mis recuerdos
los mismos que aún te añoran, deambulan y caminan
entre la orilla y el lodo de mis penas y tristes pantanos.


Aún despierto con el alma izada a media vela
como en señal de luto, muertos mis resquicios,
no más trinos, no más primaveras ni la estela
del perfume que me ha dejado tantos vicios
de ti, de nadie más.

lunes, 2 de agosto de 2010

A la espera

Ven conmigo a este viaje porque no quiero enviarte cartas
pasea conmigo porque no quiero soltar tu mano
sé la musa de mis recorridos  por mis versos y mis ganas
hablemos de lo trillado y después de un buen vino
partamos juntos por los tonos de calles y notas musicales.

Rompamos las reglas y los manuales áridos, monótonos y tontos
que elaboraron los que no te han probado, los que no conocen
de tus labios ni la miel de tus brazos ni tu alma cándida
que date cuenta no miento si te siento hasta mis propios huesos.