jueves, 11 de julio de 2013

La noche febril cuando te conocí.


Aquel día que se encendieron las alarmas,
se encendieron las lucecillas y volaron  mariposas.
Aquel día que tu voz rozó mi silencio estúpido
frente a tu vestido blanco que cumplió su cometido.

En aquel otoño febril, ansioso yo y nunca tú,
resolviste mis dudas sobre los mitos celestes
y ahí yo tan vacío, más quieto que las montañas.
sin nada que pudiera decir,
sintiéndome parco entre telarañas.

Ahora más que nunca creo en la locura de ese
que se llama "Dios" tan ajeno a los mortales,
tan comedido de sus astros de carne y hueso,
tan cruel y tan ajeno al amor de los que vamos paso a paso
de palmo a palmo en franco deceso.

No podré acercarme a tu cariño,
no podré oler tus besos, ni sentir la fuerza
que me fija a esta tierra.
¿Sabes que eres tan bonita
que tu boca la deseo y la espío?
Me muero entonces y no adivino
si me haces tan largo el camino,
el resumen de una larga espera
que puede ser un simple olvido.

¿Qué pudiera decir del tema del amor?
¿Qué diría yo de los sueños en ti y a tu lado?
Qué ganas de libar tus ansias, de anclar tu calma,
tu empeño, tu brisa que es sólo amor
y mi felicidad sería entonces saber que me amas.

 ¿Me amarías hasta el invierno lejano?
¿Hasta la tempestad de los mares?
¿O será mi edén estar desnudos y amarte
siempre en el mismo lugar que no conocerás?
El mismo de mis redes, de mi senda, de mi fuga,
del curso que boga fuera de tu locura.