Asombrado, bajo la tenue luz taciturna
te cito y busco tu nombre como te nombro,
como me gustas, aunque ajena me seas.
Acostumbro, ahora más que nunca
el macabro esbozo de una sonrisa
falsa, perversa y llena de mentira.
Ufano, mis pasos tratan de seguirte
en vano,
tus alas lindas baten
mis ojos miopes, lentos y torpes.
Fuimos como somos:
impropios, tontos y sordos,
amantes también,
¿me amaste?... te pregunto...
Sentimos la carne, husmeé tus huecos.
Volví al cándido aroma de tus besos,
zurcí recuerdos y en tus brazos
sentí congelados los tiempos.
Amor revuelto en camas, en instantes
breves como tus trazos,
como tus momentos
como lo que sentimos.
Mi mente torcida te busca en patrones inauditos,
en recovecos oscuros,
en el rebumbio de mis entrañas.
Hurgo entre tus vestigios impropios, profanos
y rebosantes de lujuria,
entre los trazos efímeros del calor
que crecimos, que no bautizamos.
Ojalá llegara el final de los días
y con ellos la agonía de mi sin ti.
Ojalá te fugaces como acostumbras,
como el espejo que me traga,
como la bruma
como los días.
Ojalá fueras viento, pero no como el que respiro,
tal vez como un ave pero no las que sigo,
ojalá me dolieras
pero sin testigos.
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