viernes, 6 de agosto de 2010

Pequeño cuento provinciano

Tlaxcala 2010. Carlos A. Cuellar
Entrando por la puerta de la catedral como cada domingo estaba ella, María Soledad. Altiva, hermosa, de ojos grandes castaños. De una mirada podía mandar a los hombres que la asediaban al paraíso mismo, o a las meritas puertas del desconsuelo. Ninguno la había podido conquistar, ni siquiera los dueños de grandes tierras o los charros más habilidosos en el caballo y la guitarra. Ni el dinero ni la galantería; es más ni juntos se le hacían agradables a María Soledad. Más de uno habían pensado en jalar del gatillo de sus armas, ya sea por la desventura de no tener a María Soledad, ya sea por hacer a un lado del camino a otro pretendiente. María Soledad ya estaba en edad de casarse, pues además de sus bien logrados 30 años, era hábil y talentosa en el hogar. Además, había sido instruida en el arte de la música, pues tocaba el piano, y muchacha de mundo pues en mñas de una ocasión había dejado su pueblo para conocer otros lugares. Sin embargo, María Soledad siempre regresaba a su pueblo. Ahí se sentía la reina del mundo, con poder sobre todos los hombres del pueblo, y la envidia de las mujeres que en más de una ocasión la habían insultado, y la verdad, por envidiosas. Ahí estuve en más de una ocasión pa´defenderla, pero esa María Soledad nunca me agradeció,  es más yo salía perjudicado pues María Soledad me decía que no necesitaba a un hombre pa´defenderse. Ella es mucha mujer pa´cualquiera de nosotros, dice que ningún hombre del pueblo se la merece. Pues yo pienso que tampoco puede andar con todos, pa´ ver si entre todos podemos complacerla.
Yo creo que María Soledad no se ha dado cuenta de que no se trata del amor de un hombre, pues entonces somos todos de amor pequeño como ella lo ve. Mejor sería comprobar si ella tiene más amor que cualquiera, pues  gran mujer y señora un gran corazón debe entregar a cualquiera. Más valor sería dar ese amor de gran dama a cualquier hombre que se precie de quererla mucho, aunque sea de poco valor, como yo.

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