miércoles, 24 de marzo de 2010

Historias. Vol. I

Fuente. Tlaxcala, Tlax. Carlos A. Cuellar

Sentado en la misma banca del parque, a veces en los días soleados junto a la fuente chisporroteante con su interminable sonido de gotas de agua. Allí estaba el, esperando a aquella mujer perfecta para cantarle sus canciones, para contarle del mundo y de sus sueños, para decirle todo lo que su corazón tenía ahorrado, palabras ahogadas, suspiros callados esperando a una sola mujer a la que sabía era la indicada. Después de algunos desencuentros, Alex creía desde el fondo de sus corazón que alguna mujer pasaría por aquel parque lleno de flores de colores, de portentosos árboles, caminando serena, iluminando todo a su alrededor. Muchas tardes estuvo ahí - soleadas y frías, tristes y alegres-, esperando, soportando la espera de quien en sus sueños alguna vez se le apareció. No le dijo nada aquella vez, sólo la soñó un instante, como una premonición, y ese sueño más que una quimera, se podría alguna vez volver realidad. Sólo sabía que llegaría, en cualquier bus, caminando por la calle, sentada en aquel café que adornaba sus mesas con una rosa roja en el centro. A veces aparecían mujeres como fantasmas, pero ninguna fue la realidad de aquella mujer que Alex esperaba. La espera a veces era insoportable, eterna, lenta, y parecía quemar un poco por dentro. A veces la guitarra de Alex se negaba a tocar para aquella mujer que parecía más un fantasma, pero el amor de Alex por aquella mujer que debía venir convencía lentamente a las cuerdas, y las notas viajaban por el aire llevando el mensaje de que en algún lugar en este tiempo alguien la estaba esperando, para amarla, para hacer juntos que el mundo girara al revés si quisieran, para cambiar al mundo juntos y borrar todo lo malo.
-De alguna manera debemos pensar en pensarnos-, pensaba Alex. -En algún tranvía de esta vida viajamos, en alguna estación debemos encontrarnos- se decía asi mismo.  Un día llegó una mujer que parecía ser la de Alex, sin embargo; su risa se fue desvanecienso al darse cuenta de la falsa dirección de aquella mujer. -Habrán pruebas de estas, en dónde la impaciencia no debe caber, en dónde la espera valdrá la pena-. El tiempo pasaba y Alex comenzaba a perder la ilusión, como en aquel día lluvioso que se confundía con las frágiles lágrimas de tristeza. Pero como los astros que siguen su curso y en algún momento se alinean por algun motivo, por la naturaleza del universo que pone las cosas en su lugar tarde o temprano. La clave es no ver la coincidencia del momento, sino entender que ese es el momento preciso, que el mismo universo creo ese instante segundo a segundo para que aquellos dos se encontraran en un parque, en aquella fuente. Al menos es el pensamiento más romantico, pero es algo más allá incluso. Es la certeza misma de que existe el destino, es adentrarse en un mundo desconocido aparentemente, pero que en el fondo se sabe que es la calma, el estado perfecto, lo más cercano a nunca morir, a siempre amar. Allí apareció ella, perfecta de pies a cabeza, con las ideas revueltas pero en la mano su corazón. Con aquella sonrisa desarmó en un instante la voz de Alex, el impávido no supo que hacer por un momento, en aquel momento que el corazón se le detuvo por la sorpresa. De un salto se dirigió a ella, un nudo en su garganta se convirtió en tantas palabras que de todas no se sabían las mejores para ella. El la imaginó a ella por las noches, desnuda, en el día temprano amaneciendo juntos, creciendo juntos, enfrentando el mundo. En aquella distancia de infinitos segundos comenzaba a entregar como las olas a la orilla, como las manos al viento. De repente Alex se sintió en camino a la luna y la luna parecía tan lejana.... Aquella mujer convertida en luna llena parecía tan  distante, y como en el día paracía desaparecer ante la incredulidad de Alex. El corazón caía en cenizas lentamente, lentamente de aquellas brasas que eran alimentadas por aquella mujer que hoy se estaba alejando. De momento Alex se quedó solo en aquel parque, rodeado por la soledad, con sus letras y la música de su guitarra, convertidos en el vacío. Y caminando hacia la nada, Alex esperaba que el universo volviera a conspirar para encontrar a aquella mujer, por la que siempre estaría viendo hacia el cielo, por aquella que un día apareció y en un breve instante le mostró el porqué de esperarla por tanto tiempo.

1 comentario:

  1. Hermoso cuento... simple, preciso y claro.

    Los buenos escritores, son aquellos que saben siempre, exactamente, cuándo no deben escribir
    Excelente regreso, felicidades mi amor...

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Gracias por sus comentarios