viernes, 2 de octubre de 2009

Las mujeres de la calle



Cuando niño pasaba por una calle que más que llamarme la atención, me intrigaba, me hacía sentír un mar de dudas sobre lo que observaba. No entendía porque había tantas mujeres -pintarrajeadas- pensaba, pero también oi que les decían de muchas maneras: pirujas, mujerzuelas, mariposas, y aquella palabra que me parecía tan impronunciable en mi inicente infancia: putas. Claro que cuando preguntaba por aquella calle a mis padres, o algún adulto, inmediantamente notaba el rubor en sus rostros, en algunos palidez y en otros mas una sonrisa nerviosa, pero el común denominador era que todos evitaban el tema. Por lo tanto, como nunca tuve una respuesta, decidí conjeturar varias hipótesis, algunas ayudado por mis amigos de aquella edad. Manuel decía que eran como madres que los señores se las llevaban para estar en sus casas y suplir a las esposas que no eran buenas o que se habían puesto gordas, o que les pegaban a los hijos. Zaid decía que eran mujeres que estaban con los papás que eran maricas , y que estas mujeres los curaban de tanta mariconeria. En fin, nunca quedaba satisfecho, por lo que cada vez más me sentía intrigado por aquellas mujeres de la calle.
Al final de cuentas llegaría la adoloescencia, y con ella muchas de las respuestas que de niño tenía. En una ocasión me había dado cuenta de que en aquella calle estaba una mujer muy joven, diría que sólo me llevaba algunos años. Con el cabello pintado de rubio, exceso de maquillaje y zapatillas altísimas, estaba ahí, parada, recargada en la pared a veces calurosa, a veces fría, a veces húmeda. Yo inventaba cualquier pretexto para pasar por ahí y verla, aunque rara vez tenía éxito  y la veía, terminaba enfureciéndome cuando la veía irse con algún tipo. A veces, podía saber que ella andaba por ahí con sólo oler su perfume, su esencia de mujer que bañaba la calle, su olor a cama caliente y a perfume corriente en ella olían como el más fino de los perfumes. Un día me acerqué a ella, me tomó de la mano y me llevó a un cuarto cercano. Lo que pasó ahí fue más de lo que soñé algún día.Tomé más que su sexo, sentí más que su piel, viví más allá que mis incesantes latidos y jadeos. Nunca fue más una mujer de la calle, sería en adelante mi mujer, aunque nunca la volví a ver, aunque nunca supe su nombre.

1 comentario:

  1. Me gustó mucho, sin pretensiones, fácil de leer pero increíblemente sensible y....bonito? Saludos.

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