martes, 26 de agosto de 2014

Bipolar

Me siento feliz, tan extrañamente feliz que me aterra.
Tu me ves y te sientes feliz, aunque sin saber por qué y me preguntas.
No tengo tiempo para responderte con palabras concisas, sólo desbordo esta felicidad sin remitente, sin nombre, sin un por qué.
Te conformas con mi respuesta.
Si acaso preparo la cena, lustro mi calzado, lleno la bañera. Pongo nuestra estación favorita.
Me siento tan feliz que el corazón late fuerte y rápido, casi me revienta.
Sonrío a todos y a todas partes. El verde de las hojas es más verde que nunca y puedo ver a las aves en cámara lenta. Puedo ver el batir de sus alas, puedo sentir el trino de su canto. Corro por las calles aunque mis pasos son lentos, puedo sentir la calma de las entrañas de la ciudad.
Miro el rostro de acordeones sosteniendo indigentes. Les doy todas mis monedas. Soy feliz.
Me siento feliz. Me aterra.
Nos sentamos juntos, mi voz no cesa. Tu sólo miras y tu sonrisa es certera.
No dices nada, estás satisfecha. Sólo me observas.
Será pasajera esta felicidad incrédula.
Me tomas de la mano, miras mis ojos que esbozan la felicidad sincera.
Callamos. Duermo. Otro día.

-o-

Hoy no es buen día, pienso.
La brisa es un taladro, las aves son enemigas, los cielos son bastardos, siento.
El gris es una paleta de colores y de rostros. Las almas son actrices.
Las caras son monótonas, vacías como el universo. No hay un dios.
EL rostro me pesa una eternidad y los nervios no dejan de gritar.
Siento aguijones en el pecho o veo rostros que hablan sin cesar en el techo.
Alivio son mis uñas arañando mis venas, mis recuerdos, las paredes ¡los vientos!
He caminado desiertos sentado en el sofá. Cansado sin mover un sólo dedo.
Bebo ilusiones. Piso sin querer las teclas de mi piano que hace rato eran aire.
Bebo pasiones. Vivo de maldecir quien fui, de odiar quien soy, de anhelar quien nunca seré.
A poco te corro de mi lado. Tu te envuelves en las sábanas de nuestra cama.
Me vuelvo hacia la pared, hacia la nada.
La noche me espera como alambre de púas. Yo salto a ella y ella me abraza. Nos queremos.
No quiere que vuelva a la felicidad ciega, a la intensidad de los colores, a la mediocridad de las sonrisas cancerígenas.
Yo me voy con ella.



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