viernes, 4 de julio de 2014

Carta a un jamás.


Tu que recorres el mundo con tu paso veloz, con tus largas alas.
Yo que descalzo tropiezo por mis ojos miopes y tristes. 
Mis lágrimas no te corresponden, pero si llegan a tu cauce. 
No quisiera de cualquier modo que leas mis letras, mis versos. No quiero que intuyas mis miradas. 
Basta que cierres mis heridas y la voz de mi garganta, que calmes mis prisas, que me enredes la vida. 
Basta con el roce del  firmamento de tus piernas largas, con la primavera de tu espalda.

Aunque todo sean planes...porque todo marcha tan lento como los viajes de la oruga.
Yo que he robado el perfume de tus brazos, yo que he perdido no lo que nunca pedí, 
acuérdate de mí, aunque entre los dos tengamos por razón que habremos de ser extraños en cercanía, personajes de un cuento de papel. 

Seré quien te busque inútilmente en las mañanas, quien prepare un café para dos en una sola taza.
Aún así te dejo un lado de la almohada, un mensaje sin voz en el contestador. 
Te dejo un calendario con muchos viajes por el mundo, un mate listo y una lista de canciones dedicadas.

No te preocupes por lo que dejas, que ya es mucho, pero no suficiente. Tendré que tener precaución en vista de tu lejanía. Tendré miedo por nuestros escasos segundos sin salida, que de algún modo, de alguna forma son inmensos pero resueltos...transparentes, diáfanos y lúcidos, pero hirientes.

Tendré que rehacer el calendario, reinventar los horarios y romper el instinto de ladrón de tus días. Comer sólo, bailar con la chispa que brota de tu risa.Quedarme solo.
Voy a guardar lo que te daría, lo que ya estoy por sentir. Voy a ser quien pierda, quien ya te perdió.



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