viernes, 24 de agosto de 2012

Denisse a los veinte y trece años


Capítulo 1.

Suena el despertador a las 6 am. Debió sonar un rato porque mi mamá tocó desesperadamente en la puerta de mi habitación para reclamarme que apagara la alarma. Domingo por la mañana y no es de dios despertar a todos en la casa (bueno, a mi gato Tomás y a mi). Con un movimiento torpe, y sin atinar completamente al reloj despertador, finalmente le asesto un buen golpe que termina con el infernal ruido. Apenas escucho los pasos de mi mamá de vuelta a su habitación. Casi no logro distinguir lo que trata de decirme, de lo que estoy segura es que se trata de un regaño. Comienza el dolor de cabeza, la sed, las náuseas. No sé si debo levantarme e ir corriendo al baño, o dejar que el alcohol que aún recorre mis arterias termine por metabolizarse. Parece que el sueño me vuelve a vencer.

14 horas. La cabeza no para de darme vueltas y peor aún, comienzan las nauseas a agudizarse conforme entra lentamente por mi ventana semi-abierta el olor de las quesadillas del puesto que está justo enfrente del edificio en donde vivo. Como acto reflejo busco mi móvil en el buró. Por fortuna se encuentra ahí, y con un ojo medio abierto y con el otro medio cerrado le echo un ojo y veo cuatro llamadas perdidas y un par de mensajes. Las primeras tres llamadas son de mi madre, la primera a las tres y media de la mañana, la segunda media hora después y la tercera a los quince minutos para las cinco de la mañana. La cuarta llamada es de un número desconocido, pero supongo que debe ser de un tipo que conocí en el antro y que me estaba ligando. ¿Cómo era? ¿Qué le dije? ¿Qué tanto me decía? Ya me vendrán los recuerdos poco a poco (eso creo). Por ahora tengo imágenes borrosas, flashes de escenas en las que bailaba, tomaba de mi copa, bailaba, fumaba, tomaba de mi copa…una y otra vez. El primer mensaje también es de mi madre:

-Dennise!! a qué hora piensas llegar? no jodas ya no eres una niña, sé responsable!-

         ¡Ayyy!, mi madre, siempre con sus rollos, ¡siempre llego a la casa! ¡Ya debe haberse acostumbrado!, ¡pues si trabajo toda la semana carajo!, no tiene nada de malo salir con mis cuates, soy joven aún. -Bueno, claro que a mis 33 sigo siendo joven y bella, con muchas cosas por disfrutar-. Esta situación me molestan tanto...

            Reviso el segundo mensaje:


     -Todo bien? Te pusiste una jarra impresionante, te llamo mañana va?

        Mi querida amiga Lucia. Siempre se preocupa por mí. Hemos sido amigas tantos años y hemos compartido tantos momentos…y borracheras. Eso me recuerda que mi cuerpo comienza a pasarme factura de la noche anterior. Ese característico dolor de cabeza y sensación desagradable en la boca, a cigarro y alcohol.Todo revuelto y combinado, vértigo y una imagen que espantaría a cualquiera. Recuerdo que tuve un sueño rarísimo en el que escalaba una torre altísima, de una ciudad rarísima llena de edificios iluminados, pero con calles cubiertas de agua, como ríos corriendo en todas los sentidos del tráfico. De repente llegaba a la punta y me daba cuenta del miedo que tenía a las alturas. -¡Ya salta Denisse!- Me repetía una y otra vez Lucia con una voz que no correspondía a la suya. Yo, de alguna manera la veía en el edificio de enfrente, y ella vestida de minifalda y con su blusa roja favorita. -¡Mira como no pasa nada si te avientas Denisse!- Y en un movimiento súbito e intempestivo Lucia se arrojaba al vacío cayendo sin remedio a los ríos de la calle. Como en un clavado perfecto digno de una calificación de diez, Lucia entró al agua sin salpicar, pero nunca la vi salir. Mi sueño se interrumpió justo en ese momento.

             Por fin mi cuerpo me avisa que está en condiciones de salir de la habitación y comer algo. Entre tumbos esquivo la ropa que dejé en el piso y lentamente abro la puerta de mi habitación, esperando no hacer ruido y alertar a mi madre de que finalmente he decidido levantarme. La cara de mi madre lo dice todo. Tiene la mirada fija hacia el pasillo por donde yo comenzaba a dar los primeros pasos hacia  la cocina. A lo lejos, la mirada penetrante, el ceño fruncido, piernas y brazos cruzados. El reloj encima de la cabeza de mi madre acompasando cada uno de mis pasos. Yo, cínicamente disimulo que todo está bien y una vez terminado el pasillo giro a la derecha, enfilándome hacia la cocina.

            -Denisse, ven acá- Con una voz firme pero a la vez diligente mi madre comenzaría su regaño número un millón trescientos cincuenta y cinco mil quinientos treinta y tres.

            -Ya sé lo que vas a decirme ma, pero llegué bien y no pasó nada malo- dije apresuradamente y antes de sentarme junto a ella.

            -Tu padre murió anoche Denisse-

            Mi cabeza frenó ese remolino causado por el alcohol de la noche anterior y lentamente dejó de girar hasta centrar su atención en las palabras de mi madre. Esas palabras retumbaron en las paredes de mi cráneo hasta que de mi boca salió un balbuceo tímido:

-¿Quéeeee?- una respuesta refleja, acompañada por un escalofrío que recorrió mi cuerpo. -¿Cómo dices?
dices?, ¿Estás bromeando?- la mente interpone un blindaje ante este tipo de emociones súbitas, se niega a aceptar, rechaza lo que le desagrada.

-Lo asaltaron ayer en la noche. Se opuso al asalto y le pegaron un tiro. Me avisaron del hospital hoy por la mañana. Alista tu maleta que nos vamos a Monterrey en una hora-.

            Mi voz se desconectó del resto de mi cuerpo. En mi mente sólo pasaban escenas diversas, recuerdos de mi padre desde la infancia hasta hace un mes que lo ví por última vez, preguntas sobre el futuro cercano y lejano. Sentí las primeras lágrimas descender por mis mejillas. Un temblor comenzó a apoderarse de mis piernas y todo se volvió oscuro. Mi cuerpo dejóde responderme y se hizo tan pesado que no pude soportarlo. Me desvanecí sobre el sofá.

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