No importa el destino, viajar siempre resulta una experiencia. Quizá algunas veces pueda ser desagradable o de lo más placentero. Seguramente habrá personas que lo disfruten más que nada, y por otra parte, personas que de sólo pensar en todo lo que implica realizar un viaje les produce malestar. Ya sea un viaje corto o largo, he aprendido a disfrutar y a optimizar cada momento de la aventura. Desde el momento en el que supone preparar la maleta de viaje: llevar lo necesario desde los objetos personales hasta la imprescindible cámara fotográfica y/o de video. Precisamente esto último me recuerda la película “Up in the air” que estelariza George Cloney. Resulta que hay una escena en la que el protagonista (Cloney) da consejos de viaje a la joven e inexperta compañera de trabajo. Por supuesto que el personaje de Cloney es quien vive más tiempo en hoteles y aeropuertos que en su propia casa. Viajar todo el tiempo le ha dado la experiencia necesaria para, por ejemplo, formarse en la fila de revisión de los aeropuertos detrás de la gente más eficiente en este proceso: los asiáticos. En cambio se debe evitar formarse detrás de los ancianos y familias con hijos. Lo sé de cierto. Por ejemplo, si viajo en autobús trato de sacar algunas ventajas, desde elegir el asiento adecuado en función del día (ya saben, por aquello del sol), nunca elegir los asientos finales, ya que además de estar junto al baño, se encuentran cerca del motor del autobús y finalmente, procuro ser se los últimos en guardar el equipaje en cajuela, ya que por lo tanto, será de los primeros en estar disponible al llegar al destino final. Si de viajar en avión se trata la recomendación es sencilla: menos es mejor.
Haciendo una analogía de la vida con el viajar, ¿no sucede que a veces cargamos en nuestra maleta de la vida cosas que nos serán útiles en todas partes? ¿No es cierto acaso que a veces cargamos con las cosas que no nos sirven y sólo nos producen una carga innecesaria? De igual manera, dejar atrás algo o a alguien puede resultar difícil, pero viajar implica enfrentarse a lo nuevo, a lo desconocido, a la aventura. No importa que el destino sea el mismo, siempre habrá algo nuevo. Es cuestión de abrir los sentidos y disfrutar de cada instante. Ya tenemos boleto y asiento de primera clase. El destino será donde queramos. Pensándolo bien, la vida es un gran viaje.
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