sábado, 18 de septiembre de 2010

A través del viento

El viento me ha dicho que sabe recorrer grandes distancias
que es confiable si de llevar un mensaje se encarga
pues cuando nace del corazón no hay visa, no hay argucias
que calmen su cometido por entregar una milonga.




He escrito "Hola, ¿cómo estás?" en un listón morado,
si encuentras la manera de enredarlo al viento claro
éste regresará al filo de mi ventana en una noche iluminada
bajo el leve sonar en las hojas de una armónica embelesada
por los tonos que vendrán de los aires buenos.




Al reverso del listón podrás atarle voces y recuerdos
que cantan, que bailan, que ríen y sueñan,
y han sido acogidos entre las banderas fraternas
de nuestras tierras, la misma que nos ha hecho hermanos
de un tiempo, de encantos de las horas eternas.




Es el mismo viento que trae y que lleva,
personas, cantos, saludos y hasta un beso con cariño,
confiemos entonces en la brisa y la savia
que corre por el río de la plata, que ya en el otoño
habrá de dirigir su fuerza a otras latitudes.

Ximena Lanosa. 2010. Sin título (¿?)

2 comentarios:

  1. Mensaje en prosa

    Desde el fondo de mi, surgen las palabras rodar en un mensaje
    que fundí en milongas y tangos desde mis aires buenos,
    buenos como la lluvia que nos regó las otras noches.

    Como confiada en el viento aquél que me nombraste
    -en unas de tus tardes de septiembre-,
    he enredado al “listón morado” prometido
    el mensaje que hubiese preferido entregarte en tus manos, poeta.
    Pues no hubo retorno ni hubo eco de mis voces -que incluso en gritos-
    deseaban llegar a Puebla… hasta tu refugio.

    Lo adorné con cantos, risas, y los besos ya perdidos
    en algún punto escondido en el recuerdo tuyo.
    Pero ya que el viento se reusa a cumplir con mi pedido,
    escogí unas mariposas en vuelo para que te lo alcancen, pero no han podido.

    Y sin embargo te digo que te he escrito tantas cosas,
    en tantos espacios y en tantos tiempos vacíos,
    que ya no me quedan palabras libres para entregarte,
    pues todo se volvió sombrío.
    Porque aunque la primavera ya volvió a mis pagos,
    me encuentro con tu indiferencia otoñal encima.

    No creo sin embargo, que sea caprichoso el viento.
    Más bien pienso que tu miedo se volvió tan lógico
    que ya no lees lo que te digo,
    o tal vez se cerró tu ventana tras tu suspiro
    producto de tu incierto tan infinito.

    Por qué me siento presa de mi propia añoranza?
    Quiero pedirte algo, si aun queda algo de mí en ti, vivo.
    Que no cierres la puerta al cariño mío,
    pues aun tengo mil canciones y caricias para entregarte,
    rozando el filo de lo poco probable pero no el de lo imposible.

    X.

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